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VIVIDORES, PARÁSITOS Y VAMPIROS

Cartel Urbano
Escrito con sangre
Por Kel Báthory
 
Desde los más repugnantes, a los más bellos y embaucadores. Vampiros. ¿Han existido alguna vez?
 
Escrito con sangre
Por Kel Báthory
 
Desde los más repugnantes, a los más bellos y embaucadores. Vampiros. ¿Han existido alguna vez?
 
Existe una serie de individuos que pululan entre nosotros, con el único propósito en sus vidas que el de absorber la energía y buenas intenciones de sus congéneres. 
 
Han existido desde tiempos antiguos y siguen existiendo al día de hoy. Son los que yo llamo parásitos. No hablo de los vampiros como los que brillan en Crepúsculo, cuyas cualidades considero realmente ridículas en una novela que, por sí misma, resulta patética, y que avergonzaría al propio Stoker.
 
Estoy hablando de los denominados vampiros psíquicos. Pasan desapercibidos porque no tienen ni el aspecto ni las cualidades de los vampiros que todo el mundo conoce en la literatura. Sin embargo, tienen algo en común: son capaces de chuparte la vida, de extraer tu esencia, de exprimir tu voluntad a su antojo, manejándote como una marioneta de trapo que no dudarán en tirar a la basura cuando ya no tengas nada que les sea de utilidad.
 
Estos parásitos utilizan la lástima, aprovechándose de personas buenas y humildes (algunas quedan en este mundo caótico aunque parezca mentira). Te piden que hagas cosas por ellos, te exigen favores que aceptas sin apenas ser consciente de ello, pequeños o grandes favores que realizas desinteresadamente a voluntad de ellos. Sin embargo, si rechazas a alguno de ellos, consiguen hacer que te sientas como una auténtica mierda. Te hacen cargar con sus problemas y consiguen que siempre estés a su disposición, absorbiendo todo tu tiempo y energía, como si de chuparte la sangre se tratase.
 
Los vampiros psíquicos utilizan la psicología inversa, piden las cosas indirectamente y de una forma tan sutil que logran que tú te ofrezcas a sus deseos sin entender bien por qué, sintiéndote responsable de ellos y convirtiéndolos en algo tan personal que el simple pensamiento de su rechazo, hace que te sientas culpable -mal contigo mismo- por no aceptarlos.
 
Es fácil reconocerlos porque suelen ser personas que se quejan de todo, que les gusta dar pena y contar sus problemas. Buscan como víctimas a personas felices, que están a gusto con su vida.
 
Anton Szandor LaVey estableció una serie de reglas para localizar a este tipo de engendros. La mayoría podrían resumirse en las siguientes:
 
¿Alguna vez has realizado favores o tareas de alguien que te las ha insinuado de forma indirecta por compasión?
 
¿Sueles visitar amigos o familiares a menudo, sin muchas ganas, para no sentirte culpable?
 
¿Donas dinero por la calle a los indigentes que te miran con sus apenados ojos y hacen que sientas lástima si no les ayudas a salir de sus propios errores? ¡Ni que fuese culpa tuya su desgracia!
 
Estas alimañas son las que controlan instituciones, ONGs o sectas religiosas. Porque desde estos elevados sitios es de donde mejor extraen bienes; utilizan a otras personas para que intercedan por ellos y coman la cabeza a los demás sin mover un solo dedo.
 
¿Qué os parecen los vampiros? ¿Aun dudáis de su existencia?
 
Seguro que a más de uno le habrá venido a la mente algún rostro conocido…
 
Saludos, sangrientos lectores.
 

 

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