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UNA FANTASÍA ALIENÍGENA PA’ TRIOTAS

Cartel Urbano
Desde el ombligo
Por Gonzalo Valderrama

Desde el ombligo
Por Gonzalo Valderrama


Colombia, tierra querida, chorreada por dos mares, accidentada por tres cordilleras cruzadas por un río en el que ya nada nada. El país con más ranas, sapos, mariposas en el estómago y flora intestinal. La nación de la coca y la cocada, del café con leche y del huevo sin sal. Todo muy bonito y cultural, casi perfecto… Su único problema: los colombianos, dedicados a existir incesantemente entre sus vastos límites, a erosionarla con sus respiros, a contaminarla con sus maneras mineras, a sobre-poblarla con más colombianos que se comportan colombianamente; gente que engendrará más de lo mismo, hasta que San Juan agache el dedo pulgar.


Soy parte de esta estirpe; pero me da la neurosis cuando confirmo que comparto patria con 46 y pico de millones de seres que hacen las cosas más colombianas del planeta. Los antropólogos interplanetarios quedarían lelos si hicieran un estudio de rutina por estas latitudes, un domingo por la tardecita:


         Hemos descendido en una colorida zona de la tercera roca desde el Sol. Se llama Columbia (al igual que el OVNI que voló en átomos en 2003) y parece un mundo fuera de este mundo.


Los habitantes de Columbia tienen un humor heterogéneo. Entre más alejados están del agua marítima, más fruncen el ceño y peor es el aura de sus cuerpos variopintos. La calidad del ánimo es inversamente proporcional a la ausencia de melanina en las pieles, bastante velludas, por cierto, comparadas con el promedio galáctico.


         Decidimos hacer la parada en la ciudad mayor, aproximadamente a 0.00000000000000000000000000026 años luz sobre el nivel del mar… lejísimos de las estrellas. Se llama Bacatá, como el demolido hotel. Allí, metamorfoseados en cánidos callejeros, pasamos desapercibidos.


         El “perro” es un animal importante para esta especie. Es paseado por su amo, que lo viste de lana y cintas de colores; lo bautiza con nombres humanos y le da, a veces, más importancia que a su propia prole. Recibe trozos de carne o patadas, alternadamente. Las interjecciones “chite” ychi-kss” son las más usadas para comunicarse con él.


         Algunas parejas jóvenes, cuyos machos portan agendas obsoletas bajo la axila, se pre-aparean abrazadas en las esquinas, mientras son rozadas por automóviles repletos de bacatanos. La hembra mastica caucho edulcorado, susurrando la palabra “papi” o “gordo” en el tímpano de su consorte, con quien no tiene ningún parentesco filial y no necesariamente padece de exceso de grasa corporal.


         Las crías recorren las calles en manada, conduciendo biciclos y tablas rodantes, pateando esferas de cuero, a manera de proyectiles, contra cristales, portales o ancianas. Al hacer blanco, lanzan un grito tribal, similar al de ciertos primates. La diversión también la obtienen oprimiendo botones en los edificios para huir como una jauría, palpando la retaguardia de hembras ofendidas y excitadas, o consumiendo dosis personales de líquido gaseoso sin cancelar la suma correspondiente.


         Estos terri-colas cuelgan misteriosas vejigas plásticas del techo de los alimentaderos para espantar a los insectos; pero éstos se han vuelto inmunes a esta ingenua trampa. Hacen largas filas ante bóvedas monetarias, mientras prestan sus utensilios de escritura, reteniendo sus respectivas tapas. Realizan bulliciosas orgías en las que ingieren gordos mamíferos a los que, previamente, rellenan de arroz y más carne de mamífero. Luego salen a la calle a danzar ebriamente al son de la música afrodisíaca que brota de potentes bocinas posadas en los andenes de las aldeas. A veces arrojan al cielo cohetes artesanales inofensivos, cuyas explosiones les enardecen. Luego éstos caen en los ojos de las crías, para que los científicos del cuerpo ejerzan en sus nocturnos turnos.


         Cuando están hartos del cambio, eligen, a cambio de masas de maíz envueltas en hojas de banana, a compatriotas que los lideran hacia el abismo, haciéndoles creer que los llevan hacia lo que ellos llaman “progreso”.


Nuestra misión original era librar a la galaxia de esta raza parasitaria; pero nos conmovieron lo suficiente como para darles una centésima oportunidad. El aerolito programado para 21-12-12 se destinará a otro planeta más meritorio.


…Y eso que no vieron lo terrible. Tal vez se llevaron una mala primera impresión de nuestro criollo edén. No importa lo feo que esté todo por aquí. Al mundo perecedero le hemos dado un par de alegrías y sorpresas… y en el forcejeo, nos hemos quedado con algunos bienes de nuestros descubridores, fundadores, invasores y evasores. Somos la sal de La Tierra.  
 

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