SEPTIEMBRE, MES DE X & Y

Llegó septiembre con su alegría; y los mercados del sentimiento hacen su agosto. Todos los terrícolas occidentales, por más grinches septembrinos que seamos, andamos sitiados por la inevitabilidad de manifestarnos en estas fechas con algún detallito para nuestros mejores amigos, nuestras peores parejas… y esa gente a la que odiamos y que nos odia, pero que debemos tener en el círculo de las buenas relaciones para no ganarnos cuchillos en la espalda… ¡vaina tan incómoda!
Nada qué hacer: Si nos hacemos los locos, seremos vistos como robots descorazonados. Pero si caemos en la trampa institucional, nada de lo ofrendado será nunca suficiente, ni serán suficientes los tenidos en cuenta. En fin…
Colombia es uno de los pocos países (¿o el único?) que celebra aquel par de conceptos capitales, que pesan muchísimos quilates en nuestra sociedad: el Amor y la Amistad, la satánica doble-A. No sabemos a qué genio del mercantilismo o a qué burócrata del inexistente Ministerio de Relaciones Interpersonales se le ocurrió la siniestra idea de obligar tácitamente a los seres vivos mayores de 12 a expresar que quieren, desean, tienen en cuenta, aprecian o valoran al prójimo de una manera tangible: desde una endulzada anónima… hasta una dádiva automotriz. Desde ese entonces, nos hemos visto sometidos a una vacaloca de compromisos con nuestros prójimos cada vez que llega el séptimo mes, el del nombre más bonito.
Las vitrinas se infestan de corazones, cupidos, flores y tarjetas escarchadas con mensajes repletos de palabras manidas y rimbombantes: “Porquiunamigoesuuunaaaluuuz”… “El amor es una cosa donde no hay lugar. Punto”, etc. Timo-teo, el dios del engaño, abre sus fauces para tragarnos y hacer que la traga no correspondida nos corresponda menos.
En este mini-diciembre, si no estamos suficientemente reforzados por dentro, nos comeremos el cuento de que hay que compensar retroactivamente a la gente por estar al lado, debajo o en la distancia, cuando todos sabemos que…
El llamado amor es una convención social, justificada por el revoltijo endocrino que nos causa la pulsión erótica y las descompensaciones afectivas adquiridas durante el fin de la lactancia. El amor, como sinónimo de atracción, es una fuerza cósmica que mantiene todo en pie, girando en un caos muy ordenadito… sólo que nosotros, por obra y gracia del azar, nos convertimos en asteroides de carne y hueso, necesitados de convertirla en palabras, actos, orgasmos y detallitos. El amor que se ve en las esquelas y en los afiches de papelería-fotocopiadora sólo existe en el imaginario de los convencidos clientes y de los convincentes publicistas, que nos han metido paquetes chilenos como la pesadez estomacal, las bacterias del inodoro, la seguridad de los hijos y los minerales y las vitaminas que necesita tu organismo.
Al igual que el espíritu navideño, el amor y la amistad, como elementos de cohesión universal, deberían manifestarse todos los días, de a poquitos. Sé que esto ya lo ha dicho mucha gente; pero la propuesta va por el lado de no comerle cuento al señor locutor que regala una invitación a una cena romántica al oyente No. 1000… ni al jefe de recursos humanos que pone al personal a jugar al amigo secreto para crear vínculos donde nunca los ha habido.
No lleven a ese alguien especial a motelear el tercer sábado de este mes: cómanselo todos los días (en el sentido figurado… no en el caníbal) con ganas y dedicación. No le regalen una billetera o un llavero a su colega mamón: invítelo a almorzar una vez a la semana para cantarle la tabla o descubrir, mil quincenas después, que realmente era el amor de su vida.
Mejor dicho, parafraseando a Pink Floyd, traducidamente…
Sólo somos 7.000’000.000 almas perdidas/Nadando en una pecera, año tras año… Por lo tanto metámonos todos con todos, y revolvamos más esta sopa de desconocidos milenarios, tan iguales, así nos peinemos distinto y hablemos otros idiomas. Que nos metan a todos en la misma cárcel, sin separarnos por géneros musicales… a ver qué pasa.
¡Feliz mes del amor, la amistad, el pan, la pereza, el tío… o lo que sea!