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RESPUESTA A LA COLUMNA “CARTA A JUAN MANUEL SANTOS”

Cartel Urbano

Por Juliana Castellanos
 

Por Juliana Castellanos
 
La distancia que tomo de esa columna parte de la ingenuidad con la que está escrita. Me recuerda la inocencia con la que un niño le envía una carta a Dios para que lo llene de juguetes en Navidad. ¡Claro! Todos deseamos de niños ser sorprendidos con numerosos regalos, de la misma manera que hoy queremos ser despertados de la pesadilla del conflicto a través de la noticia de la paz. 

Pero lo que cualquier colombiano no puede hacer hoy, después de la experiencia de los dos últimos procesos de paz, es pedir el fin del conflicto al Presidente de la República a través de inocentes frases, porque se corre el riesgo de recibir respuestas débiles con palabras juguetonas. No podemos ser nuevamente el público que, embelesado por la magia, olvida preguntarse por el truco.

Así que, con la convicción de que hay muchas cosas que decir al Presidente, yo me arriesgo con cuatro puntos: ¿Cómo se hace un proceso de paz en medio de la guerra señor Presidente? Lo más lógico es un cese de hostilidades. Pero no se comprende que mientras los representantes de las partes del conflicto están cómodos en Cuba o en Europa, los guerrilleros subalternos y los soldados sigan abatiéndose y, de paso, destruyendo las vidas de civiles. 


De otro lado, es importante aclarar que los colombianos no llevamos medio siglo “dándonos plomo”. Desde la Independencia lo hace la clase dirigente y la oposición. Recordemos las palabras de Arturo Alape en el libro La paz, la violencia: “ desde el comienzo fue claro que el Estado ‘no daba para tantos’ y que su control por algunos debía mantenerse, perderse o ganarse con los únicos métodos conocidos hasta entonces, por una clase dirigente que había salido de la guerra: la guerra misma”.

En consecuencia, señor Presidente: cómo negociará con las clases que se han enriquecido a costa del conflicto, y que han alcanzado el poder político, económico, coercitivo y simbólico a través de la guerra. Porque usted sabe, como pocos, que la guerra es un negocio para muchos. Me gustaría saber, por ejemplo, si los 3 billones de pesos (cifra tomada del documento de rendición de cuentas del Ministerio de Defensa Nacional 2002-2006), que su antecesor entregó como recursos extraordinarios a la Fuerza Pública para acabar con la guerrilla fueron invertidos en lo acordado públicamente, o si de allí salieron unos cuantos pesos para la satisfacción de los gusticos de quienes manejaban la cuantiosa cifra. Extiendo la misma inquietud frente a los 7.54 billones que entraron como recursos extraordinarios en 2007 al Ministerio de Defensa para el mismo fin (cifra del Conpes 3460).
 
Por último, Presidente, no olvide que, como usted lo manifiesta constantemente, la guerrilla está debilitada, por lo tanto la mayoría de sus integrantes se agrupa en células independientes, desconectadas del Secretariado. Así las cosas, por favor explíquele al país cómo siete personas que integran ese Secretariado se van a comprometer a que los 9 mil guerrilleros que conforman hoy las Farc, según cifras oficiales, van a dejar las armas para hacer caso a las negociaciones que hacen quienes ya no los representan.
 
Los cuatro puntos no resumen las preguntas y cuestionamientos que debemos hacerle hoy al gobierno, porque la lista es larga, pero intentan evidenciar que es urgente exigir la paz con contundencia; sobre todo si se hace a través de los medios de comunicación, y bajo la promesa de expresar “lo que cualquier colombiano desea”, como lo asume el autor en el segundo párrafo de la columna.
 
Pretender saber lo que toda Colombia quiere es ambicioso, pero estoy segura que un importante sector de la población anhela, en el preámbulo del proceso de paz, la verdad, antes de que se la lleven de viaje a Oslo y en un descuido la extravíen.
 
Lea la columna "Carta a Juan Manuel Santos": 
 
 
 
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