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QUE SE LOS COMA EL MARRANO

Cartel Urbano
Peor es posible
Columna de Darío Rodríguez
 
Peor es posible
Columna de Darío Rodríguez
 
Este rincón de Cartel Urbano estaba dedicado al estrepitoso retorno de las lluvias y de las desgracias. Pero se cruzó el problema de Jota Mario Valencia y sus abominables palabrotas en televisión, a las que él califica como "humor". Ya pidió que lo disculparan (ha seguido el ejemplo de profesionales en lágrimas de cocodrilo: los Nule y el honorable padre de la patria Señor Corzo). Lo grave es que seguirá insultando con su presencia las mañanas de este país teleadicto. Algunos claman a gritos que se vaya de la televisión y, con él, su insano y larguísimo programa. Pero son más los que admiran esa chabacanería, ese mal gusto. Y por tanto se quedará. No hay vida después de Jota Mario Valencia. Otros regresan, brindan esperanzas mediante estafas y siguen tan tranquilos.
 
Esta columna estaba dedicada a las pésimas opciones del televidente colombiano, enajenado por la necedad y la ordinariez. Pero se cruzó el cacareado retorno de Santiago Moure y Martín de Francisco, el otrora "Ejército de la Verdad". Simularon durante un par de meses esa extraña y creíble parodia de ellos mismos que los hizo tan célebres: críticas beligerantes a los medios que les dan de comer, sátiras escatológicas a nuestras costumbres e idiosincrasia. Todo era una trampa. La rebeldía y la burla formaban parte de una calculada estrategia publicitaria para vender automóviles costosos. Antes de saberse el auténtico motivo de la farsa la ilusión fue inocultable, y por algunos momentos llegó a sentirse una reivindicación de cierta dignidad crítica en este país sin conciencia. No pasó de ilusión.
 
Este espacio estaba dedicado al eterno Juan Lanas y a su amigo Moure, cada vez más parecidos a sus víctimas. Están adquiriendo aires de Jota Mario Valencia. Envejecen mal, quizás. A propósito de vejeces imprudentes se cruzó el oprobio de ver al otro Jota Mario, al nadaísta, en su vano intento de justificar la ilegible y egocéntrica edición biográfica que le encomendaron para el homenaje a Nicolás Suescún. Aprovechó el galardón concedido a un escritor de probadas virtudes y mostró el cobre que durante cuatro décadas ha exhibido: autobombo, intelectualismo de caricatura. Escrito sin disciplina, con dineros del Distrito –tal es su costumbre-. Casi un crimen. El ocaso del rebelde produce vergüenza ajena.
 
Este texto estaba dedicado a examinar (hasta donde lo permitiera la fetidez) la poca credibilidad que tiene ya el Nadaísmo y su discurso de tres centavos falsos. Pero se cruzó el Reality Show del Hay Festival en Cartagena, feria de las vanidades y del elitismo con los cuales quieren ensombrecer a la literatura. Escritores más importantes que sus obras, impudicia, altos costos. Quienes quieran consumir cultura deben pagar precios elevados. Los demás, los que no tienen cómo adquirir los licores y los sabores de la Alta Cultura, tendrán que conformarse con leer en el periódico a poetas nadaístas de segunda mano. O con ver en televisión a Jota Mario Valencia y a sus sucesores, Moure y de Francisco.
 
Entonces sólo puede pensarse que construir el espíritu de esta nación es ahora un lujo carísimo. Que ser nadaísta sigue siendo chévere. Que ser disidente y polémico es un gran negocio. Que se puede irrespetar a un conglomerado durante muchos años a través de la pantalla sin recibir castigo. Por todo esto somos una república de lluvias y desgracias felices. Se les desea a esos dudosos representantes de nuestro acervo cultural algo de su propia cosecha: que se los coma el marrano.

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