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PURO CENTRO DERMOCRÁTICO

Cartel Urbano
Desde el ombligo
Por Gonzalo Valderrama

Desde el ombligo
Por Gonzalo Valderrama



Esta semana se celebraron, en su orden, el cumpleaños número 474 de Bogotá (la ciudad del sol de mentiritas) y la victoria lancera en la llamada “batalla de Boyacá”. Ambas fechas relacionadas con nuestra relación bipolar con España. De España vino un barco cargado de Jiménez de Quesada (como el chocolate) y su elenco de descubridores-conquistadores-fundadores de la bogotanidad. 281 años después, los chapetones realistas fueron echados surrealmente de estas tierras, dejando olvidado en nuestra memoria el idioma a través del cual usted y yo nos malentendemos. 12 chozas de paja (según la leyenda) se convirtieron en un conjunto residencial para más de 7’000.000 seres humanos que aguantan frío, rabia y deseo sexual. Consecuencia: represión y neurosis, que, combinadas con alcohol, ya saben lo que produce: noticias amarilladas.

Dicen las historiadoras que esa docena de cubículos indígenas fueron lo que hoy conocemos como El Chorro de Quevedo, vórtice de una cosa inubicable para algunos llaman el centro. En Quevedo’s Chorro está el núcleo innegable de la bohemia capitalina en su más fundamentalista expresión: turistas, cuenteros, músicos de chimenea, vino caliente, pola tibia, restaurantes gourmet y gaminet, sexo, drogas y rock en español.

Pero alrededor de esa cuadra madura (que no alcanza aún a estar picha), más hacia abajo, más hacia el norte, queda el centro centro: el coco urbano del caminante que no vive por estos lares (yo lo hago desde hace 6 meses). El centro, donde atracan con jeringa rellena de SIDA; donde matan a pata por un celular, y te descuartizan si no correspondes a un piropo callejero; donde incendian buses y matan Gaitanes… y tantas hipérboles paranoicas que, quienes no residen por estos lares, han inventado para justificar su terror al prójimo.

Luego de que don Gonzalo se fuera a morir de lepra en Mariquita, la ciudad del eterno invierno fue germinando y floreciendo en torno a las calles de La Candelaria y los barrios aledaños se fueron llenando de gente ideal para el casting de una película de David Lynch…

Ahora que la séptima se peatonalizó, consecuencia de las obras transmilenarias de la calle 26, se ve cada cosa, cada tanto, caminando y sucediendo a la más humana de las velocidades. Hay que caminar con inteligencia peatonal para no estrellarse con tanto cuerpo, ansioso por llegar a cualquier lado; pero el crash será inevitable. Gente extraviada y con ganas de salir volando de esos andenes de más de medio siglo, reconstruidos, para nada, desde el bogotazo que viene dándose todos los días. Gente revendiendo la vida para ganarse la muerte. Minutos de Dios a celular por $200. Una fila de suicidas esperando su turno para saltar desde el Colpatria hacia la plaza de taras. Estudiantes de universidades privadas, cuyos padres pagan carísimos semestres, absortos en la vida real que no sucede en las pantallas de sus LCD’s, jugándose la vida en cada empanada de arroz comprada en los kioscos esquineros, como deporte extremo. Un grupo de raperos sin flow, cantando, en un karaoke improvisado, la fealdad de sus cotidianidades con beat. Un dúo de indios con pinta sioux, muy andinos, tocando la zampoña reverberada, sobre la pista de Imagine. La bolita, la bolita, ¿dónde está la bolita? Un lotero falso que intenta, en siete tomas, hacerles creer a los transeúntes del momento que se le acaba de caer el billete con el premio mayor a la ingenuidad. Siete perros en celo en pos de una gata celosa. Un pordiosero que pordebajea, en nombre de su dios, de por dios, a todo aquel que le da menos de $1000 “¡Loca hijueputa!”, le grita a cada uno, sea macho o hembra (equidad de género). Un extranjero en una tierra extraña, maravillado por el colorido caos de nuestra ciudad del sagrado riñón, tomándole fotos a todo lo que respire, para luego trinarlo con instagram, para que allá, en su planeta, vean que hay gente a la que le importa poquísimo morir en cámara lenta; porque eso, en cuatro no se ve… y, total, el 21-12-12 vendrá el colorín colorado vaticinado por los equívocos Mayas, que tanta sintonía le han dado a Discovery Channel en HD… Et cétera seculorum.

En el centro sucede una vida que es como un entrenamiento militar que nos hace agarrar la fibra necesaria para sobrevivir en los demás sectores de la capital. Si la logras aquí, sin padecer un ataque de pánico, la lograrás en el resto del sistema solar. 

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