PAN Y CIRCO
2/Abr/2012

Blasfémina
Columna de María Ximena Pineda
Pareciera que nuestro pueblo no quiere Festival de Teatro y vino caliente sino agua de panela y Yo me llamo. El pueblo quiere que Amparo Grisales se erice viendo la imitación de Lady Gaga versión chibcha y seguir comprando Revertrex a pesar de que no sirva para nada. Son los "intelectuales" de izquierda –que si tuvieran plata serían de derecha- los que van a ver Esperando a Godot sabiendo que nunca va a llegar y se atreven a elucubrar sobre el teatro del absurdo. Los de ruana, en cambio, si pasan por algún performance teatral-callejero es porque fueron a la ciclovía y se quedaron comiendo mazorca en el Parque Nacional.
Nada más falso que medir a un fan del teatro por el monto del abono que compró para ser parte del festival. Estos fanáticos ad hoc son los mismos que van a la feria del libro y compran publicaciones al por mayor como si estuvieran en Makro. Sin embargo, son los que o tienen la capacidad adquisitiva o se la rebuscan para hacer parte del escenario "cultural". Los de ruana, en cambio, lejos de todo tipo de sentimiento pretencioso se conforman con lo que les arrojan los medios de comunicación bien decidan éstos entretener, educar o viceversa. Tratados vilmente como masas nos hemos dejado llenar la jeta con realities y narco series con formato de telenovela.
Mientras los mafiosos dueños de la televisión privada deciden que el pueblo quiere tetas, balas, Amparo Grisales y Cristina Aguilera cantando en inglés de puerto, los "intelectuales" se arrojan a las fauces del festival iberoamericano de teatro desahogando su frustración por la poca oferta cultural en tierras muiscas, emborrachándose en la carpa cabaret mientras se les llena la boca citando a Brecht o a Ionesco. ¿Y los demás? Ahí, conformándose con el pedazo de hueso que le botan para roer. Soportando la novena o décima versión de El Desafío sin chistar. Aceptando a personajes como Alejandra Azkárate como líderes de opinión y modelos de educación sexual. Heredando el destemplado humor de Sábados Felices. Creyendo la historia de unos taxistas que viven en apartamentos estrato 6 y que le ayudan a la gente cual superhéroes de ciudad, mientras en las calles de la vida real nos siguen haciendo el paseo millonario.
¡Qué Shakespeare ni qué Sófocles!, eso es mucho manjar para el ciudadano de a pie, si los de ruana quieren pan y circo, mogolla chicharrona y colombiana. Al pueblo lo que es del pueblo: Jotica, don Jediondo, Ernesto Calzadilla, los "comediantes" de la noche, los protagonistas de novela protagonizando todas las novelas y sin que los podamos amenazar por talento y claro, Amparito, la única, la diva. Eso es lo que quiere el pueblo, rezan los generadores de contenidos de los canales privados, los mismos que sacaron corriendo a Planeta por querer mordisquear su monopolio.
El panorama sigue siendo triste, la cultura y el entretenimiento muiscas siguen rindiéndose a los pies de los señores feudales de la televisión; mercachifles de la miseria y la mediocridad. Los escenarios culturales, en oposición, se vuelven exclusivos artículos de lujo, espacios hediondos a frases intelectuales o inteligentes, tabaco y pachulí, no puede ser peor. ¿Dónde quedan los cristianos promedio? ¿Los que ya compraron televisión LED pero no tienen para el arriendo? ¿Los que no saben leer pero son eruditos del melodrama de medio día y se ofenden con las irrespetuosas propagandas del prime time? ¿Los que creen en el barato mundo que nos venden RCN y Caracol y, sea el momento de decirlo, también les dan de jartar?
¿Quiénes son esos de ruana? Son el rebaño, son el 80 por ciento que responde positivamente a las encuestas de popularidad de los presidentes, los que votan y eligen, los que creen en el divino niño, el censo original, la estadística. Ese grueso de la población que es Colombia entera, la verdadera, no las chichiguas que llamamos voto de opinión, no la clase media arribista bogotana, no los dueños del país. Esa Colombia de verdad tiene que empezar a elegir, a pensar, a hacerse respetar; que castigue con la falta de audiencia a los canales privados igual que castigan las mujeres a sus maridos con falta de sexo. Que abran bien los ojos y no les metan stand-up comedy por teatro. Están en mora de demostrar que aún tienen dignidad.