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NO MÁS ACERCA DE LA AZCÁRATE

Cartel Urbano
Cinestimulante
Por Diego González Cruz

Cinestimulante
Por Diego González Cruz


Que una mujer como Azcárate escriba en una revista light un sátira estúpida, no es algo raro. Pero que en cuestión de minutos muchos se apuren a manifestar su rechazo a través de las redes sociales, otros corran a publicar en sus blogs una respuesta a la fallida columna de la actriz, otros comenten el tema en la oficina y los periodistas más aventajados se apresuren a escribir una critica en contra de la diva, es algo que me hace pensar que nosotros los colombianos estamos programadas para reaccionar solo ante los acontecimientos más insulsos. 


A mí la Azcárate me parece que está como rica, y no más. He sido testigo de cómo destroza con sus comentarios salidos de tono a los concursantes de “Colombia tiene talento”, la he escuchado hablar con desparpajo en la radio sobre temas sexuales, la he visto posando para revistas y, en todas las ocasiones, me ha dado la impresión de que es una mujer que le gusta dar de que hablar y por lo visto lo consigue.
 
Apenas me enteré del escándalo leí la dichosa columna de opinión y me pareció estar frente al típico chiste flojo de alguien que quiere pasar por sarcástico y más bien roza con lo ofensivo. No más que eso, una tontería de una mujer bonita que le da por burlarse de las feas.
 
Aquí el tema no es el humor pendenciero de la Azcárate, ni los problemas de salud que padecen quienes sufren de sobrepeso, se trata más bien de la exagerada reacción de los colombianos.
 
Nunca había leído tanta letra innecesaria, escuchado tanto comentario inocuo en boca de la gente y visto tanto simulacro de indignación. Razón tenia Jaime Garzón, el gamín intelectual, al decir que los colombianos nos escandalizamos cuando alguien dice una grosería en televisión en vez de reaccionar ante los robos y pasadas que nos meten las lacras del congreso. Qué extraña manera de conmovernos la que padecemos los colombianos.
 
¿Acaso esas otras noticias, las que hablan de las miles de injusticias y atrocidades que acontecen a diario en nuestro país, no merecen la misma atención?
 
Basta con que algún actor, reina, futbolista, presentadora y payaso de nuestra patético jet set criollo profiera alguna estupidez para que el país entero se escandalice.


A nadie le importa, por ejemplo, que en Curillo un hombre desesperado por no tener con que alimentar a su familia, afile su machete y acabe con la vida de sus cinco hijos y de su esposa. O que las autoridades del Chocó denuncien que en los últimos tres meses, cuatro niños han muerto de hambre en la ciudad de Quibdó.
 
En conclusión, lo de Azcárate no merecía jamás el revuelo que tuvo, al contrario, sus palabras debieron pasar desapercibidas. La estupidez ajena, no amerita más que nuestra indiferencia.


Recuerdo a Stevenson: “En realidad, uno no sabe qué pensar de la gente. Si son idiotas en serio, o si se toman a pecho la burda comedia que representan en todas las horas de sus días y sus noches”.
 
En el fondo este es un país indolente ante sus verdaderas desventuras y desgracias.


¡Ay Azcárate! la próxima vez que vayas a salir en una revista, haz el favor de pelar un poquito más las tetas. 


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