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Marbelle vs. Natalia París

Cartel Urbano

 
Por Cristian Carvajal del blog  Pepito Metralla
 
A simple vista, esta comparación puede resultar odiosa y sensatamente absurda. Lo entiendo, y créanme que hasta la semana pasada estuve de acuerdo. Pero después de apreciar a Naty París en cueros, gracias a la astucia de la revista SoHo, pensé inmediatamente en lo parecida que es a Marbelle, otra hermosa mujer que ha posado desnuda en más de una ocasión para la portada de esta publicación.
 
Ya imagino los madrazos que me debo estar ganando por tan osada comparación. De antemano quiero ofrecerles mis más sinceras disculpas a todos los seguidores de Marbelle por mi atrevimiento, aunque espero convencerlos de que no es un insulto equipararla con la desnutrida paisa; una modelo que todavía no ha sido merecedora de una telenovela y que, si acaso, sólo ha protagonizado escándalos mafiosos, chistes flojos y un par de películas (una de ellas todavía está En coma).
 
Sin más rodeos, comencemos por lo obvio: ambas son divas que se han preocupado y destacado por su físico. Basta con valorar sus curvas acentuadas por el bisturí para darse cuenta. Lamentablemente, las atendieron diferentes cirujanos. Éste podría ser un primer punto de discordia, pues uno de ellos confesó ser seguidor del arte fantástico y lo imprimió en el trabajo con la reina de la tecnocarrilera. Pero no nos pongamos con pequeñeces, tanto la rubia como la morena quedaron en su punto.
 
Ahora bien, alejándome de las banalidades de lo físico, donde queda claro que la juventud se impone —recuerden que Marbelle tiene apenas 30 años, aunque no lo parezca—, entraré a comparar los talentos que las llevaron donde hoy están: en teras de información de discos duros de computadores, donde no nos cansamos de guardar sus imágenes. Ojalá pronto sigan los pasos de Luly Bossa y Ana Karina Soto para que la saquen del estadio. Bueno, retomando el tema de sus talentos, resulta sencillo ver las semejanzas: las dos comenzaron muy jóvenes a mojar prensa y a destacarse en el oficio del entretenimiento. Por igual, asombraron con sus movimientos y destrezas ante las cámaras fotográficas. Si me apuro, advertiría que nuestra protagonista de novela podía haber sido también una gran modelo, como lo demuestran las fotos del último trabajo discográfico; unos retratos dignos de formar parte de la sala del Museo Nacional donde reposan obras tan hiperrealistas como La naranja, de Fernando Botero.
 
Después de todo este balance escueto, sólo me resta dedicar mi columna a estas dos mujeres que me hacen perder el sueño. La primera lo hace de una manera directa cuando por desgracia la veo actuar y sus primeros planos me atormentan la noche. La otra, en cambio, se cuela en mis sueños desde hace varios años, en los que he anhelado haber tenido los cojones de seguir los pasos de tanto traqueto que la tuvo a su lado. Hoy nada más me quedan estos medios —impresos y virtuales— para expresar mi encanto por una paisa que podría hacerme olvidar el repudio que me produjeron sus paisanos, a causa de un enano que tuve que escuchar los últimos ocho años.
 
¡Gracias a las dos por existir! 
 
 

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