LAS VOCES DEL PLANETA

Un grito silencioso susurra: “esto debe cambiar”. Su potencia recorre las avenidas y las calles, las emisoras comerciales y universitarias: “esto debe cambiar”. Hemos dejado de mirar el mundo con los ojos prestados de los procesos de colonización para caminar sobre nuestra propia ruta, para hacer nuestras propias preguntas: abrir los sentidos y comprendernos desde la montaña.
Este grito tiene un mensaje claro: “El mundo se deshace segundo a segundo, mientras multinacionales explotan nuestras venas hídricas, nuestras vegetaciones y nuestras vidas”; bajo el pretexto de que el planeta debe salvaguardarse de la mano siniestra (ellos mismos la construyeron). Se diseñan convenios y acuerdos políticos que desencadenan pruebas nucleares y químicas que llevadas a cabo en nuestros mares, con desastrosos daños colaterales.
Confundiendo el lenguaje de convivencia y progreso con el de desarrollo y vanguardia en una semántica vulgar, justifican sus acciones, sus abusos y excesos. Algunos, envueltos en esa red de ideales postizos e imprudentes que sólo promueven la subjetividad individual, hemos decidido que los recursos naturales se deben proteger por sobre toda las cosas. Nuestros indígenas han regresado a la arena social y política, estética y pedagógica para recordarnos que existen otras relaciones con el mundo, otras maneras de vivir en sociedad.
Bajo este grito, que se resiste a creer en el modelo económico reinante, están palpitando, bajo un mismo corazón, los principios que pueden cambiar la manera de habitar: equilibrio, equidad, armonía, sostenibilidad. Algunos jóvenes han asumido con responsabilidad las problemáticas de otras latitudes como si fueran propias, para demostrar que la organicidad es el semilla de la vida; a éstos, se han unido realizadores, artistas y académicos para empujar la idea de re-pensar el futuro del planeta desde la sostenibilidad equitativa. “somos el sol, el viento, el mar” “Lluvia al motor” son solo algunos destellos de esta multi-voz que nos convoca.
Debemos vincularnos al proyecto, a los ideales que propenden por el desmonte de los actos violentos y fatales de lo que acontece cotidianamente en la Amazonía, Siria, Golfo de México, Guanabara; rechacemos categóricamente las fantasías de las factorías con las que devoran nuestros bosques y selvas tropicales; resistámonos a los abusos y excesos hacia la biodiversidad. Con la sutiliza y la sensibilidad de los detalles pequeños, podremos iniciar el cambio. Saben a qué me refiero, no hay que escribirlo.
Hace unos años, gracias al proyecto Abre Sierra Renace Bacatá (http://arteparalatierra.todosatierra.com/), pude constatar que somos más que uno; el respeto natural, el trabajo digno y el cuidado por el planeta son responsabilidad de todos, como propone Dib Hadra, gestor de tan bella idea planetaria, mientras recorre el mundo con el grito silencioso que cuenta las historias ancestrales de cómo podemos revitalizar el mundo y activar las relaciones humanas; historias que habitan sobre el pavimento mezquino y brutal de la industrialización.
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