LA PRISIÓN DEL ROCK

Pero no. Es una especie de performance recreacionista en tono de rock… sin rock, sin la esencia rebelde e incendiaria de este género/ritmo que hace rato pasó del medio siglo de vida, motivo por el cual deberían dejar de relacionarlo con lo moderno, con lo juvenil, con lo actual.
Tantas cosas se han untado impunemente del barniz del rock en las últimas décadas, que han hecho que esta religión musical se haya desgastado paulatinamente.
Quienes vieron la película The Doors, de Oliver Stone, recordarán aquella escena en la que Morrison rompe un TV al ver que su Light My Fire quedó convertido en un jingle de automóviles. Era rock; pero no lo era. No se pretendía demoler un esquema o patear la canilla de un rector, sino vender un carro para que el oyente-televidente fuera parte de la masa feliz.
Algo similar deben sentir los rockeros radicales cada vez que sale al aire la versión margarinada de We’re not gonna take it, de Twisted Sister. La canción original dice todo lo contrario de lo que pretende comunicar el jingle: “Sé parte del rico sistema y úntale este menjurje a tu insípido pan. No seas como esos 22’500.000 colombianos que usan la otra mantequilla. Sé como nosotros 22’500.000 que usamos ésta, la que sí es buena, bla bla bla”. Dee Snider debe estar revolcándose en su cama.
Echemos para atrás en la averiada máquina del tiempo. En una etapa loca de la publicidad, a finales de los 90, un creativo decidió que podría llegarle al corazón de la esquiva juventud que no quería enfilarse en el ejército, aderezando un spot televisivo pro-reclutamiento con Back In Black, de AC/DC. No puede haber cosa menos castrense que este satánico cuarteto de australianos que le vendieron su alma el Rock’n’Roll hace ya casi 40 años. Un primo de ese creativo miope propuso, tiempo después, hacer lo mismo con We Will Rock You, de Queen: una banda cuyo líder era adalid de la comunidad gay, de fondo musical para un comercial para machos belicosos. Que yo sepa, la clásica trilogía no es “Sexo, Drogas, Ejércitonacionaldecolombia”, ¿o sí?
¿Qué les hace suponer a las instituciones, a los terrícolas de bien, que el rock es sinónimo de música-chévere-para-domesticar-almas-jóvenes?
Brian Hugh Warner, más conocido como Marilyn Manson, dijo, en alguna entrevista para MTV, cuando estaba en su cuarto de hora, que el Rock había sido inventado, por encima de todos los propósitos, para fastidiar. Los fastidiables, por supuesto, son: los papás, los profesores, los curas, los policías, los políticos, los vecinos y los french poodles, en ese orden descendente de importancia.
Rock, en inglés, tiene dos acepciones: como sustantivo, roca; como verbo, sacudir. Roca de romper cristales; sacudir consciencias conformes. Sobra aclarar que me refiero a todo el rock que no hagan Naty Botero (quien quiere sollarse con marihuana en la Habana un domingo por la tarde, mientras el cosmos colapsa a sus pies) o Juanes (quien le propuso paisamente al mundo que it’s time to change… el fuego por el aire acondicionado).
Sobra aclarar que no me refiero al Rock que no se queja, al que celebra la inercia de la vida, al carente de conflicto, como una margarina que se esparce suavecito sobre el lóbulo frontal del cerebro que se han de tragar los zombis apocalípticos.
Juzguen ustedes…
…Is Rock dead?