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LA MASACRE DE NORUEGA: PREDICCIONES PARA 2012

Cartel Urbano

 

Por Miguel Mendoza 

Las predicciones no me gustan, pero la masacre de Noruega ocurrida el 22 de julio, donde 69 jóvenes reunidos en un campamento en el islote de Utøya fueron asesinados por un tal Anders Behring Breivik, me obliga a pensar en el futuro próximo y la posibilidad de que casos similares se repliquen. Para reducir la posibilidad de equivocarme, analizaré las características de tan atroz y doloroso evento que marcó el primer año de la segunda década de un siglo que no logra salir de la crisis global y que, a pesar de su esplendor tecnológico, en muchos aspectos parece un segundo oscuro medioevo. 

De entrada digamos que esta masacre cambió el perfil del habitual asesino de masas. El atacante resultó ser un tipo exitoso, adinerado, incluso apuesto. Su misión homicida no contempló su propia muerte. No se suicidó. Mezcló terrorismo convencional como táctica de distracción (primero puso un carro bomba en Oslo, cuya detonación mató a ocho personas); disparó a los objetivos como sistemático cazador y no con el habitual desorden de los llamados asesinos frenéticos. El grupo de víctimas no fue producto del azar, los jóvenes ejecutados representaban las ideas de igualdad y anti-exclusión que  Breivik tanto repudiaba. 

Sus abogados afirmaron que estaba loco, pero para la mirada pública resultó evidente que Breivik estaba lo suficientemente lúcido para planificar el ataque, fabricar los explosivos, escoger balas expansivas que ocasionaran el mayor daño y dolor a las víctimas. Durante hora y media tuvo tiempo para pensar en sus actos, pero no se detuvo. El remate de su extraña lucidez: una mueca de sonrisa ante las cámaras.

Al parecer no estaba conforme con escribir 1500 páginas de perorata racista y decidió actuar. Ante el juez declaró: “soy un comandante militar del movimiento de resistencia anticomunista noruego y jefe justiciar de la orden de los Caballeros Templarios". En caso de existir tal cosa, sencillamente sus ideas se reducen al odio histórico contra el mundo islámico musulmán, y son la síntesis del discurso que occidente y sus guerras han emitido desde siempre sobre el miedo y el rechazo a todo aquel que resulte ser medianamente diferente.

Los actos homicidas perpetrados por Breivik anticipan una era que acepta abiertamente el odio racial, las tensiones entre clases sociales, incluso las leyes antimigración. Su absurda misión terminó por confirmar el milenario conflicto entre occidentales y orientales, entre católicos y musulmanes. Su cínica declaración de “era cruel, pero necesario”, invita a la confrontación violenta entre dos hinchas de equipos deportivos, entre dos barrios, dos esquinas, entre dos bandos cualesquiera que justifiquen el odio que los alimenta mutuamente y disculpe a los verdaderos responsables del desajuste del mundo (existen, sí, y no son ni el diablo ni las brujas inculpadas de los males del siglo XIV).

Mi primera predicción (obvia y poco precisa, lo sé) señala que alguien en el futuro próximo, en algún lugar del planeta, tras fantasear obsesivamente con destruir a aquellos a los que condena por su fracaso, actuará de nuevo. Terminará por convencerse de que la crisis económica, el desempleo, el costo de vida, son culpa de los inmigrantes, de los hispanos, de cualquiera que le resulte diferente; entonces tomará las armas para exigir sus “derechos” y asesinará en nombre de su causa personal. Creerá ser un mártir y para nada un verdugo.  

Recordemos que cuando capturaron a Breivik, las autoridades temían un complot de alguna organización terrorista. Ningún grupo apareció a respaldarlo. El hombre iba solo. No obstante, muchos foristas sin filiación clara y otros pertenecientes a grupos de ultraderecha apoyaron sus acciones. De lo anterior, resulta la segunda lamentable predicción: el odio interracial no desaparecerá; el multiculturalismo, que apenas ha ganado terreno en el cine, tiene mucho camino por recorrer para ser asimilado como estado natural del ser humano y no como invasión.

Atrevidamente, tomo prestada la dedicatoria que hizo Carl Sagan en su último libro -en la cual se refiere a una modernidad dominada por la ignorancia medievalista-, para desearles en 2012 un “mundo libre de demonios”, de esos monstruos humanos de los cuales en esta columna seguiremos ocupándonos. Espero nos leamos a lo largo del próximo año y ustedes (es mi mayor deseo) al final puedan señalar (aliviados) que mis predicciones de hoy fueron erróneas.

 

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