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LA HIPÓTESIS DEL MAÍZ PIRA

Cartel Urbano
Cambié de opinión
Columna de Rafael López
 
 
Cambié de opinión
Columna de Rafael López
 
 
Creo que esto es un poco sacrílego confesarlo en medio de tanto cinéfilo culto y apasionado, pero para mí la experiencia del cine está íntimamente relacionada con el consumo de maíz pira, y sin palomitas siento que es mucho lo que se pierde. Ya quisiera yo tener el poderoso encanto de este alimento que provoca comérselo a manotadas. Hay una magia en él, porque es como dicen: el maíz pira es como el chisme… no alimenta pero entretiene.
 
Desde que era un niño el maíz pira ha sido para mí motivo de curiosidad, me inquietaba saber qué sucedía dentro de la olla mientas yo escuchaba las múltiples explosiones. Por eso la primera vez que lo pude ver estallar en una olla con tapa trasparente fue toda una experiencia para mí, la revelación de un misterio equivalente a lo que pasa en los baños de mujeres, o lo que esconden las puertas signadas por el “Prohibido el ingreso a personal no autorizado.” Después de ver explotar y saltar a las pepitas, creo que un maíz que estalla debe ser considerado como el fundamentalista islámico de los alimentos.

Me pregunté si acaso este manjar -ocasional proyectil en la sala de cine- es el resultado de una tecnología susceptible de ser aplicada a otros alimentos además del maíz ¿es posible que en un futuro exista la salchicha pira? ¿podremos hacer una manzana pira? Dulce sería una golosina con textura de algodón inflado, sabor a manzana y tamaño de sandía. Me di a la tarea de entender qué era lo que pasaba entre el antes y el después, cómo es que el maíz pira queda con lo de adentro para afuera y se convierte en algo absolutamente diferente, porque lo que resulta al final se parece más a unos diminutos Frenchs Poodles deformes que a las pepitas que eran antes de entrar a la olla.

Según parece el maíz pira es un regalo de Dios o un acierto de la evolución, porque no es una tecnología que podamos a aplicar a otros alimentos – adiós morcilla pira, adiós papa criolla pira, adiós queso de cabeza pira – pues se trata de una variedad de maíz que al calentarse estalla.  Esto se debe a que su cáscara es prácticamente impermeable y al subir la temperatura el vapor de agua no encuentra salida, aumentando la presión hasta hacerlo estallar.  Por demás, es asombroso que se pueda hacer estallar al maíz pira con un celular, y si no me creen pongan en Youtube “Maíz pira celular”.
 
¿Dónde está toda esta agua en el maíz? En algo a lo que hemos bautizado endospermo, que sugiere por su nombre que lo que almacena no es agua sino otro tipo de líquido. Digamos que yo me miro las pelotas y les veo cara como de endospermo. Afortunadamente en el caso del maíz pira podemos estar seguros de que almacena es agua, porque si el endospermo almacenara lo que su nombre sugiere, el maíz pira tendría un sabor muy raro.

Me parece digno de resaltar que es debido a lo hermético del maíz pira que finalmente estalla, por no dejar salir la presión que aumenta en su interior. Así me parece que le pasa a las personas, que en lugar de dejar salir lo que crece y grita en su interior, lo reprimen de manera radical y permiten que se acumule la presión hasta que finalmente un día estallan. Lo hemos visto en las películas y las noticias – que en últimas son otro formato de ficción – un hombre común, buen ciudadano, trabajador constante y disciplinado, un día saca un rifle automático y fumiga a sus compañeros de oficina. Por no liberar la presión. O los homofóbicos radicales, que reprimen, censuran e incluso niegan sus pensamientos homosexuales, hasta que un día, sube tanto la presión interior que estallan, quedan con lo de adentro para afuera, y se entregan al desenfreno de tener adentro lo que hasta el momento tenían afuera. Si lo piensan, comparado con otras variedades de maíz, el maíz pira después de estallar es de lo más gay.

Para concretar, lo que quiero decir con mi hipótesis es que es peligroso ser como el maíz pira, ser radicalmente hermético. Porque si no se libera de algún modo la presión que llevamos por dentro, cualquier día sube tanto que estallamos, y nos convertimos en lo opuesto a lo que hasta el momento habíamos aparentado.  Hay que dejar salir lo que se lleva por dentro, o se corre el peligro de estallar y convertirse en el antónimo de uno mismo.
 

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