LA FAMILIA (DES) COMPUESTA

Por: Adriana Martin B.
Las nuevas estructuras familiares parecen alarmar a los conservadores. Los mismos que se escandalizaban hace 50 años con una madre soltera hoy lo hacen con las relaciones homosexuales. En esto, la iglesia católica ha influenciado notablemente desde que nos fue otorgado el nombre de “País del sagrado corazón” y con el manto de su institución nos ha enseñado a “amar el prójimo” siempre y cuando este prójimo no se entregue ni física ni sentimentalmente a los de su mismo sexo. Una clara muestra de ironía y doble moral.
El primer gran reto para los homosexuales fue ser reconocidos en la sociedad, “salir del closet” como lo llaman, y el segundo hacer respetar sus derechos como cualquier otro ciudadano -amar a una persona del mismo sexo, en nuestro país, es objeto de rechazos, discriminaciones y violaciones a sus derechos individuales y colectivos-. Sin ir más lejos, la adopción por parte de parejas homosexuales se ha convertido en una batalla campal entre los conservadores atacantes -liderados por el ferviente Procurador Ordoñez y Monseñor Córdoba- y grupos activistas como Colombia diversa y Orgullo LGBT, que luchan por defender los derechos de las minorías sexuales.
Somos un país que teme a lo nuevo, que se aferra a sus tradiciones, a sus costumbres más conservadoras, tal vez porque en el inconsciente colectivo eso se considera lo moralmente correcto. Es casi una herejía que una pareja de homosexuales decida conformar una familia y darle un hogar a un niño. Cuántos conservadores y religiosos no pensarán en una nueva versión de la “sagrada inquisición” sólo para librarse de lo que para ellos son “anormales” de la sociedad, gente que desequilibra las buenas costumbres. ¿Acaso la sociedad colombiana ya no está enferma con tanta corrupción, guerra y desigualdad? ¿Desde cuándo los políticos y sacerdotes son tan ejemplares para entrometerse en las relaciones sentimentales de otros y no para dejar de robar (mamar la teta pública, como diría Vallejo) o condenar los casos de pederastia?
El director mexicano Gustavo Loza tocó el espinoso tema de la adopción homoparental en su más reciente película “La otra familia”, en la que se puede comparar la vida de un niño en un ambiente insano y disfuncional, educado por una madre drogadicta que no escatima abandonar a su hijo de siete años durante varios días, con otro –la otra familia- en el que hay un ambiente lleno de cariño por parte de Jean Paul y José María, adoptantes homosexuales de Hendrix, el niño víctima del rechazo y el abandono por parte de su madre.
Un elemento fundamental en la desaprobación de la adopción homoparental es el miedo básicamente a dos cosas: uno, que el niño criado por homosexuales crezca con esa misma orientación sexual y dos, que sea víctima de abusos sexuales. Pero no hay que mirar tan lejos para darnos cuenta que los homosexuales en su mayoría han sido educados por heterosexuales y que los niños corren más riesgo de ser abusados sexualmente en su curso de catequesis en la iglesia.
Quitarle la oportunidad a un niño de tener una familia es imperdonable.
Los religiosos se justifican por el argumento bíblico que dice: “Dios hizo hombre y mujer y dijo reprodúzcanse”, y los demás se aferran y escudan en el artículo 42 de la constitución donde la familia sólo se presenta y acepta entre parejas heterosexuales.
El ser humano evoluciona, no somos robots, la estructura familiar evolucionó. Me uno a aquella frase de Almodóvar que dice: “La familia puede estar compuesta por padres separados, travestis, transexuales y monjas enfermas de sida". En últimas, la única regla que debe tener una familia es el compromiso y el lazo de afecto de quienes la conforman.