Ud se encuentra aquí INICIO Opinion La Decepcion De Ser Colombiano
COMPARTIR ARTICULO EN:
M

LA DECEPCIÓN DE SER COLOMBIANO

Cartel Urbano
Cambié de opinión
Columna de Rafael López
 
Cambié de opinión
Columna de Rafael López
 
Antes de que vengan a perseguirme con sus antorchas de Colombia es Pasión, déjenme aclarar algo. No quiero ser mal interpretado. No es que para todos sea una decepción ser colombiano, es muy probable que para muchos el país del sagrado corazón cumpla con todas sus aspiraciones; pero sin lugar a dudas es una decepción para aquellos que nacimos en este lindo paisito a principios de los ochentas, porque a nosotros nos prometieron un país mucho más esperanzador que esta desgracia en la que vivimos ahora.

Para empezar, el fútbol. Quienes nacimos en los 80s crecimos creyendo que lo normal era que la Selección Colombia fuera al mundial, porque fuimos al mundial Italia 90, y luego volvimos a ir a Estados Unidos 94 y Francia 98. Lo que nadie nos dijo fue que antes de esa racha no clasificábamos al mundial desde Chile 62, la medio pendejadita de 28 años.

Nos engañaron. Crecimos pensando que Colombia tenía buen fútbol, cuando lo cierto es que tuvo una buena selección y nada más; pero esa Selección nos puso a soñar. La generación de colombianos de los ochentas tiene un afecto tan profundo por el Pibe Valderrama, que si se lanzara de Presidente votaríamos por él. Sería el Presidente de la reconciliación, con su conocido lema: ¡Todo Bien, Todo Bien! –Lo mejor de que el Pibe fuera el presidente, sería verlo en las fotos posando con su melena al lado de Chávez… en caso de que el Pibe fuera presidente y Chávez sobreviva, claro está–.

Esto es difícil decirlo justo ahora que le acaban de ganar a México y están tan felices anhelando clasificar al mundial –casi lamento pisotear sus castillos de arena– les aviso de una vez, eso no va a pasar. Según mis cuentas todavía nos faltan otros 14 años antes de que volvamos a un mundial.

Por otro lado, las reinas de belleza nos hicieron creer que en Colombia estaban las mujeres más bonitas o, más bien, las segundas más bonitas del planeta. Paola Turbay, Paula Andrea Betancourt y Carolina Gómez causaron en los ochenteros la impresión de que lo normal era que Colombia fuera la virreina universal de la belleza. Eso fue emocionante verlo cuando éramos niños, ver a nuestras reinas avanzar a través de las múltiples pruebas y eliminaciones, hasta el momento final y aunque quedábamos de segundos, guardábamos la esperanza de que al año siguiente nos hiciéramos a la corona. Pero ahora no quedamos ni entre las diez más guapas. Con decirles que ha durado más la Selección Colombia en un mundial, que lo que dura ahora la Señorita Colombia en Miss Universo.

Pero la decepción más grande debe ser la desmovilización del M-19 y la constituyente de 1991. Porque cuando éramos niños nos causaron la ilusión de que esta guerra se terminaría, de que la guerrilla dejaría las armas y volvería a la vida civil, sin sospechar siquiera la violencia paramilitar porvenir. Ahora vuelven a sembrar la ilusión de la desmovilización, haciéndonos los ciegos ante la violencia en ciernes de las Bacrim. La constituyente de 1991 nos dijo que este país cambiaría, y que además lo haría desde sus instituciones civiles y democráticas. Tal vez fuéramos muy niños para dimensionar lo que estos eventos prometían, pero esas ilusiones quedaron arraigadas en nosotros. Sobra decir que esas promesas siguen sin cumplirse.
 
Yo no sé cómo le estará yendo a otras generaciones, no sé qué tal les resulte a otros compartir esta madre patria. Sé muy poco cómo están mis compatriotas. Lo que sé es que para los que nacimos a principios de los ochentas este país resulta de los más decepcionante. Guardo la esperanza de que Colombia logre cumplir las promesas que le hacemos a los niños y jóvenes en este momento, pero temo que en esto también, voy a decepcionarme.

Comentar con facebook