LA COMEDIA BIENPARADA (3ª Y ÚLTIMA PARTE)

Por su parte, Andrés López estrenaba su segundo combo de rutinas (las que se le quedaron entre el tintero desde LPDL): Me Pido La Ventana, el cual, como muchos especulaban (¿y ansiaban?), no tuvo el impacto de su primer batatazo. El público, en su ingenuidad, lo sintió como “más de lo mismo”, ignorando que todo espectáculo de stand-up comedy siempre se trata de eso: un ser humano parado ante un micrófono, al lado de una butaca, hablando mierda durante 5 o 180 minutos para hacer reír a su público a través de reflexiones jocosas sobre la vida cotidiana en ese accidente llamado Occidente. El decepcionado público lopeziano esperaba que esta vez el comediante hiciera algotra cosita: bailar tap, cantar punk, escupir fire… algo distinto a hacer SUC. No, señoras y señoritas… no sabemos hacer otra cosa. López redujo su impacto con su primer strike. Pasó de tener 20 millones de seguidores… a sólo 15.
Una nueva fuerza oscura crecía paralelamente mientras todos estaban concentrados en sus rutinas rutinarias: Primo Rojas. Escribí nueva en itálicas, porque sé que muchos no saben que Rojas viene haciendo lo suyo desde 1985, mucho antes de que muchas cosas escénicas pasaran en este país, incluso mucho antes de que nacieran ciertos personajes que hoy son parte del paisaje humorístico. Con su nadadito de perro anfibio rabioso, este cachaco, mezcla andrógina de ñero carroñero y profesor de retórica, fue calando, lustro tras lustro, en los diversos escenarios nacionales… hasta convertirse en un referente que nos movió el piso a todos.
El público nacional, risa a risa, iba metiendo en su imaginario el concepto stand-up comedy de una manera un poco caprichosa y prejuiciosa (“Esa gente que se burla de todos, y que no hace sino rajar de las cositas”); pero aún faltaba el público televidente, el monstruo de los 45 millones de cabezas. A ellos se les entregaron nuestras susceptibles cabezas en junio de 2010, a través de un programa llamado Los Comediantes De La Noche, el cual duró casi un año al aire, y en el que todos sus integrantes terminaron rayados y millonarios… y yo, decapitado, a petición del público, consumidor de Uva-Po’tobón, que es lo que realmente importa.
Ya había, al menos 8 nuevos claros personajes en el panorama; 8 mercenarios que marcaron una pauta en el entretenimiento local (¡Qué cultura ni qué ocho cuartos!) para la segunda década de este siglo (la última, como todos sabemos), incluyendo a la delgada Alejandra Azcárate, tan controversial y decidora de verdades ginecológicas.
Lamentablemente el programa de los comediantes nocturnos se desgastó en su esquema insostenible. En ningún país cuerdo existe un formato así de frecuente, con un elenco fijo y reiterativo. Es imposible no repetirse; la calidad de las rutinas es voluble, y el bendito público es un ente impredecible y caprichoso que se cansa rápido.
Hace más de un año que el programa salió del aire. Dicen que volverá después de la caída del aerolito maya… Mientras tanto, en este lapso de paz mediática, los que aún sobrevivimos con este desorden mental que nos impele a verbalizar nuestras cucarachas, seguimos horadando la roca del estoicismo a punta de chascarrillos y sarcasmos, que no son más que la cara inteligente del dolor, el dolor de vivir en un planeta que se muere con nosotros a bordo… ¡JA!