Blasfémina
Columna de María Ximena Pineda
Antes de entrar a la iglesia del divino niño del 20 de Julio hay que comprar un bono para un mercado en la tienda de enfrente, hay desde 3mil hasta de 30mil pesos. Luego dirigirse a la miscelánea de souvenirs litúrgicos y comprar la novena del divino niño, la docena vale mil pesos pero uno puede comprar la docena mixta y meterle seis estampitas de San Antonio, el santo más popular entre las treintañeras. Equipados con bono y estampita se dirige uno a una especie de ventanilla-recepción en la iglesia donde reciben el bono que será entregado a las familias beneficiarias de la iglesia del 20 de julio.
Se dice que desde que el padre salesiano Juan del Rizzo llevó la estatua del Divino Niño al popular barrio del sur llamado el 20 de julio, los milagros que ha hecho son incontables, claro está, solamente se le cumplen a aquellos que rezan con fe. Ir un domingo a ver al divino niño es una osadía, miles de creyentes se reúnen como si estuvieran regalando plata. Solamente hay que presenciar ese espectáculo por un rato para entender lo que es una verdadera peregrinación.
Un mejor trabajo, salir de deudas, sacar a un ser querido de la drogadicción, conseguir marido; son algunos de los milagros que pide la gente. Y a juzgar por el poder de convocatoria que tiene la estatua del divino, parece que ha cumplido muchos, es cuestión de hacer la novena juiciosos, ir todos los domingos y rezar diariamente con fervorosa fe. Si hacemos cuentas no sale muy caro hacerle el lobby a esta omnipotente divinidad: 9 domingos por 9 mercados de 3mil pesos suman 27 mil pesos, más mil pesos de estampitas, son 28 mil; súmele a eso la ofrenda (voluntario, lo que su corazón quiera dar) pongámosle mil por domingo, son nueve mil más para un total de 37mil pesos… y claro, lo del transporte, se llega en Transmilenio y se sale en bus, $3,200 por ida y vuelta para un total de $28,800. Así las cosas, ser un feligrés ejemplar y candidato digno a un milagrito del divino niño vale aproximadamente $65,800.
Y cómo no creer en el divinísimo que no para de hacer milagros si es más rentable y real que el POS o los contratos laborales en este país. Más efectivo que los juzgados de familia y más estable que los matrimonios católicos e incluso civiles. Pero claro que me parece lógico invertir en el peregrinaje al 20 de julio, si es que en este país la salud, el trabajo, el amor… todo depende de un milagro. El divino niño es una especie de placebo que mantiene el fervor y las esperanzas de un pueblo abandonado por la mano del Estado.
Que sigan haciendo fila las mujeres frente al altar del 20 de julio para bendecir las estampitas de San Antonio de Padua y que San Antonio se ponga más las pilas y les consiga marido lejos de acá. Que los inválidos sigan rezándole al Divino Niño para que los levante de la silla de ruedas porque desafortunadamente no está incluida en el Plan Obligatorio de Salud y la que tienen es alquilada. Que las madres cabeza de familia sigan haciendo la novena y ofreciendo mercados para que el divinísimo les siga consiguiendo trabajito porque es la única manera de que le den educación y alimentación a sus hijos. Que los colombianos sigan pidiéndole un techo propio y digno con fervorosa fe al Divino Niño porque las viviendas de interés social son frías y oscuras cajas de cemento cuya adjudicación es casi una mafia.
Sigan invirtiéndole a la fe, aprovechen, que el divino niño no cobra intereses ni descuenta el cuatro por mil. Que Chayanne cambie la letra de su canción porque con la fe que profesa el divino niño ni siquiera hay que poner a San Antonio de cabeza para conseguir marido. Que sigan comprando bonos de mercados drogadictos, prostitutas, madres de familia, ex convictos, estudiantes, solteras, beneficiarios del POS. Que siga prendido el fuego de tu fe en caso de que te hayan cortado la luz.
De ahora en adelante destinaré mis fondos de pensiones al milagroso divino niño, razón que excluiré de la carta de retiro que debo dirigir a Colfondos, por supuesto. Porque me parece mejor inversión alimentar un milagro que salve mi porvenir que lidiar con bancos y entidades del Estado. Porque la estatua del divino quizás sea el único niño "divino" que pueda encontrar a la redonda en mucho tiempo. Porque prefiero comprar bonos para mercados que anchetas con vino cariñoso y galletas ducales en navidad. Porque creo más en la fe que en la mafiocracia. Así pues, diciéndole adiós a Bancolombia, al RUT, al POS, a Miplanilla.com, a los contratos laborales y conyugales: Mi buen Niño Jesús: en ti confío.