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FUTOROLOGÍA Y PÉRDIDA DE MEMORIA

Cartel Urbano
En la otra esquina
Por Harvey Murcia
 
Hoy más que en ninguna otra época se ha puesto de moda trazar los caminos que se recorrerán en los años venideros. Crece la incertidumbre por saber cuál será el destino que nos deparan los excesos, los inventos tecnológicos, las hambrunas, los nuevos líderes mundiales.
En la otra esquina
Por Harvey Murcia
 
Hoy más que en ninguna otra época se ha puesto de moda trazar los caminos que se recorrerán en los años venideros. Crece la incertidumbre por saber cuál será el destino que nos deparan los excesos, los inventos tecnológicos, las hambrunas, los nuevos líderes mundiales.
 
No es que la preocupación por el futuro sea algo moderno o propio de estas generaciones. No. La historia de nuestras sociedades ha estado relacionada por este afán de tener la certeza por lo que no podemos controlar o quisiéramos controlar: sobre el amor, sobre la guerra, sobre si lloverá para que el festival de teatro no se vea afectado. Recurrimos a lo que sea: la puerta astral y la lectura del tarot, o a “rezar” el estadio para un partido de fútbol, y así clasificar a un mundial.
 
En un mundo en el que la levedad de las preguntas son clichés anecdóticos, se ha vuelto casi una moda el asuntico del futuro, y de manera obligada la interpelación: “¿y cómo crees que será esto en unos años?” Como si la vida fuera una serie de de causas y efectos que determinarán el mañana. 
 
Por cada avance tecnológico que hay se toma de manera casi inmediata una postura apocalíptica o integrada, en la que las desgracias o alegrías de la vida estarán  articuladas al uso de estos artefactos. Son las tecnologías las que se ajustan al nuevo estilo de vida; el estilo de vida es confeccionado por las tecnologías. Desde ella, la instantaneidad, la velocidad y lo ligero, discurren como identidad, como marca de nuestro tiempo.
 
Los adelantos tecnológicos han permitido que se incorporen de manera inmediata -en la cotidianidad- sus formas de caminar en el mundo. Se planifican políticas y se extienden imágenes del mundo que poco o nada tienen que ver con nuestra realidad.
 
Dentro de esta futurología se conservan flujos y semillas; la palabra de moda es clonación: “animales” que se parecen a animales, “vegetales” que saben a vegetales; humanos que se niegan a ser humanos; se compran miles de hectáreas en  tierras lejanas (Medio Oriente, Asía y EE.UU. han invertido millones de dólares en tierras fértiles en Suramérica y parte de África), con el fin de tener el control de la producción de alimentos en un futuro.
 
Vamos pensando qué futuro requieren las generaciones venideras sin preguntar qué es eso de lo venidero. Sin preguntarnos cómo debemos resolver hoy nuestros problemas.
 
Adelantar el tiempo. Esa es la consigna. Adelante. Siempre un paso adelante. Tratar de optimizar cada segundo. Si puedes hacer lo de hoy y lo de mañana, no lo dudes. Así mañana harás lo del siguiente.
 
Así, creo que la futurología no es más que una suerte de incertidumbre colectiva, una enfermedad mundial que nos afecta. Sus síntomas: Trastornos psicológicos que alteran la percepción de la realidad para ocultar la pobreza, el analfabetismo, la falta de salud pública, la desnutrición, la crisis de la política entre muchos otros, aquejando de manera directa lo que permite que una sociedad avance: la memoria.
  

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