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FELIZ LUNES DE DESCANSO

Cartel Urbano

Blasfémina
Columna de María Ximena Pineda
 

Blasfémina
Columna de María Ximena Pineda
 
Hoy es como un mini viernes en forma de lunes. Varios jefes de buen corazón habrán negociado con sus empleados para que se tomaran este día y se fueran a Sogamoso o a Apulo; a cualquier lugar de tierra templadita o caliente lejos de la gris Bogotá. Otros habrán sabido mentir como se debe para pegarse la rodadita e irse a lucir tanga, a sorber cloro y a bailar Ai se eu te pego –pero una versión remixeada por los Tupamaros-. Bien hecho. ¡Que se tomen el puente completo! Que este lunes cuente como un día de vacaciones, que se gasten la quincena en piscilago, que se peguen su pisciniada y su echada de tejo, su paseo de río –si es el caso-, que carnavaleen, que se echen su cotejo en chancla, que gocen lejos de la oficina, del tinto de greca y del almuerzo ejecutivo.
 
Merecidísimos tenemos todos los colombianos los 20 festivos que bien se declararon en la reforma al código laboral en 1982 a través de la ley 51. ¿Qué cucarachas tenía en la cabeza el representante a la cámara William Ortega que hace unos años abogaba por recortarlos? ¡No, señor! Podrán ser muchos, es verdad, pero son únicas vacaciones dignas que tenemos los colombianos. Las otras, las vacaciones que nos dan nuestros empleadores, eso en el caso de que tengamos contrato –claro está- siempre terminamos pagándola de nuestros bolsillos, con el sudor de nuestra frente y que, para colmo, nos la otorgan como si nos estuvieran haciendo un favor.
 
Quizá para un ciudadano del primer mundo sea una exageración tanto puente festivo, tanta fiesta católica, porque para cada santo se prende una vela y siempre habrá un motivo para celebrar. Pero así es esta tierra. A diferencia de los señores industriales para quienes cada festivo es una pérdida de plata, comparto la opinión de los católicos parranderos: los festivos son necesarios. No son solamente la promoción del ocio, generan empleo -según afirma Cotelco-, hacen que el año fluya más fácilmente, marcan las estaciones que no tenemos… pero, sobre todo, alegran la vida.
 
¿Qué sería de nuestra vida como humildes jornaleros sin poder pegarnos una "chapusiadita" en Semana Santa? Así no visitemos monumentos sí veraneamos y tragamos helado y compartimos con la familia. Que jodan al nazi que dice que el día del trabajo se debería trabajar. Los festivos son el bálsamo que hace de la vida de los colombianos promedio algo más llevadero, con más swing. Que no nos vengan a meter TLC por liebre, no existe la posibilidad de que los colombianos nos vendamos por un "aumento" en las vacaciones legales, si ya somos esclavos que nos dejen de clavar en las fiestas de nuestros santos, porque ellos sí nos cumplen, el Estado no.
 
Déjennos quieticos nuestros festivos, el del corpus cristi, el de la asunción de la virgen, el de la inmaculada concepción. Ya veremos nosotros cómo los celebramos, si con vino de consagrar o con guaro. Las infrahumanas condiciones laborales y la inestabilidad contractual que nos tocó vivir justifican cualquier descanso ya sea en Fusagasugá o en nuestra cama. ¡Feliz descanso para todos el día de hoy! Para los desafortunados que están trabajando que se vuelen antes. Que se vayan a desordenar a alguna tienda cercana con los compañeros de la oficina y que terminen con la corbata de tiara bailando reguetón, es una buena manera de sacar la rabia reprimida contra el jefe a quien no nos atrevemos a decirle hijo de la gran puta en la cara por temor al desempleo. Ante él siempre agachamos la cabeza sumisamente. Hoy no, hoy que los jóvenes soviet-colombianos -y los yuppies también- se levanten la bata, si no cantando la Internacional socialista cantando algún reguetón didáctico, para que mañana, día del trabajo, les cueste trabajo levantarse de la cama.
 
 
 

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