FELIZ DÍA DE LAS PUTAS
7/Mar/2012

Dígale que siga
Columna de María Antonia León
Dígale que siga
Columna de María Antonia León
En vista de que llegó el 8 de marzo quiero reiterar mi incomprensión frente al hecho de ser felicitada por ser mujer. Es como si me felicitaran por tener la piel blanca y no negra, o por haber nacido en una ciudad y no en otra. Por supuesto, me sensibiliza el sufrimiento con que ha cargado mi género a lo largo de la historia, pero yo preferiría que me alabaran por un esfuerzo personal, no de la naturaleza. Por otro lado, estoy convencida de que el escenario de maltrato en el que nos hemos visto sumergidas, es producto de un acontecimiento biológico y un desarrollo cultural en los que están implicados ambos géneros.
Prueba de esto son las acciones inspiradas por mujeres en protesta a las injusticias cometidas contra ellas, como la marcha que convocó a putas pagas, putas no-pagas y mojigatas enfurecidas, para que caminaran por las calles de las ciudades con la ropa desgarrada y las tetas al aire, y de esta forma se manifestaran en contra de la violencia de género.
Alguna vez le escuché decir a una amiga que si una mujer coquetea con un hombre y después no se acuesta con él, el tipo está en todo su derecho de violarla. No se lo pregunté, pero supongo que si pensaba eso también estaría de acuerdo con el policía que inspiró la Marcha de las Putas. El tipo aseguró, en un caso por violación, que el hecho había ocurrido debido a que la víctima estaba vestida como una puta.
Pese a lo absurdo de ambas afirmaciones, estas no son en absoluto una ofensa contra las mujeres, sino también contra los hombres, pues según eso las mujeres somos responsables del comportamiento de los hombres y dueñas de su sexualidad. Eso significa que los hombres son incapaces de controlarse y por tanto las mujeres debemos volver al papel de amas de casa para educarlos, es decir, tenemos que retomar los valores de nuestros antepasados porque sólo de esa manera puede funcionar nuestra civilización.
Las mujeres de ahora sabemos que tenemos derecho a ser o a vestirnos como unas putas, pero para algunas hacía falta demostrarlo así que surgió una idea igual de irrisoria a los actos contra los cuales protestamos, como la marcha del 25 de febrero. Al ver las fotos del evento no encontré la diferencia con la Marcha Zombie, pues parecía más pertinente para Halloween o el Día del Orgullo Gay, que en pro de una causa que busca la dignidad.
Me parece violento que tantas mujeres hayan salido a las calles a reprochar la animalidad de algunos hombres, volviéndose igual de animales que ellos, con pancartas que llevaban escritas frases como "Este es mi cuerpo y se respeta". Yo respeto mi cuerpo y por esa razón nunca caminaría en una marcha de putas, y mucho menos vestida como tal.
Siempre he rechazado el maltrato contra la mujer, pero rechazo mucho más las acciones que las mujeres han generado respecto a esa violencia. En 2010, por ejemplo, una aspirante a la Cámara de Representantes prometió salir desnuda en la revista SoHo si resultaba elegida, y en su programa de gestión prometía luchar por los derechos de las mujeres.
Noemí Sanín, la mujer que más lejos ha llegado en una candidatura presidencial en Colombia, estaba en contra del aborto porque según ella "respeta la vida y la defiende". A la ex - presidenciable se le olvida que el aborto también es respetar la vida.
Para completar el abanico de líderes políticas que parecen más en contra del espíritu femenino que a favor, la semana pasada salió Viviane Morales de la Fiscalía, y en lugar de aceptar que había renunciado a su proyecto de vida por darle apoyo moral a un esposo mal elegido, le echó la culpa a un supuesto boicot entre periodistas y criminales.
No es de extrañar que estas sean las mujeres que nos representan en la palestra pública, después de todo, nuestro país tiene más colectivos feministas que artistas femeninas, más periodistas que escritoras, más cristianas que filósofas, y más humanistas políticas que pensadoras. Existen también más espectáculos circenses que iniciativas artísticas para invitar a la reflexión en torno a la violencia de género, como la Marcha de las Putas. Ese acontecimiento en particular me recordó el poema Kinsey Report, de Rosario Castellanos, que retrata los estereotipos de mujer definidos en el informe: "Al principio me daba vergüenza, me humillaba que los hombres me vieran de ese modo después. Que me negaran el derecho a negarme cuando no tenía ganas porque me habían fichado como puta" (...) "Yo me resisto siempre. Por decoro. Pero, siempre también cedo. Por obediencia". Alfred Kinsey publicó su estudio sobre la sexualidad femenina en 1953 y más de medio siglo después sigue siendo importante diferenciar a una mujer de una puta.