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DIOS NO EXISTE Y DEEPAK CHOPRA ES UN FARSANTE

Cartel Urbano
Cinestimulante
Por Diego González Cruz
 
Tengo una amiga que solo lee libros de autoayuda. Cada vez que la veo no pierde la oportunidad para hablarme de Chopra y de su ídolo espiritual. En su Facebook a menudo publica frases del tipo: “Hoy me siento feliz porque una fuerza divina me protege”. Sin embargo, paradójicamente, su vida es un desastre. 
Cinestimulante
Por Diego González Cruz
 
Tengo una amiga que solo lee libros de autoayuda. Cada vez que la veo no pierde la oportunidad para hablarme de Chopra y de su ídolo espiritual. En su Facebook a menudo publica frases del tipo: “Hoy me siento feliz porque una fuerza divina me protege”. Sin embargo, paradójicamente, su vida es un desastre. 

Hace un año no tiene trabajo, debe lo que no tiene y ningún hombre parece interesarse en ella.

La gente se inventa alicientes para vivir, para no aceptar que son infelices y que  sus vidas carecen de sentido. Es mejor creer que una fuerza todopoderosa nos protege, que enfrentarnos a la idea de que estamos solos en este mundo, que dios no es más que una idea absurda que nos metieron en la cabeza, y que por más que luchemos en la vida nada podemos hacer ante la muerte.

No hace más de una semana un Testigo de Jehova toco a mi puerta. En vez de arrojarle un baldado de agua fría desde la ventana, me dispuse a escuchar su perorata. Es curioso pero los predicadores a pesar de que solo buscan recolectar adeptos e imponer sus creencias, no me causan rechazo o aversión alguna.

Supongo que  este hombre veía en mi a una oveja descarriada que debía retornar al rebaño, un aspirante a ser convertido, un futuro soldado de su errante ejercito  de salvación. Sin embargo, mientras lo escuchaba con atención me era imposible no reparar en sus ropas, ajadas y envejecidas. Su cara era un mapa en el podía ver generaciones enteras de hombres como él que vivían hacinados junto a sus numerosas familias en cuartos de pensión.  

Las creencias por más descabelladas que parezcan son un método de supervivencia y un estimulo ante una realidad que nos rebasa.

Yo que soy un ateo de tercera solo encuentro estimulante vivir para conocer otras ciudades. Muero por viajar a Estambul. Pero, una vez este caminando por sus calles  mientras escucho el llamado a la oración proveniente de las mezquitas, muy seguramente me preguntaré: ¿y ahora qué?

Posiblemente me ponga como meta conocer otra ciudad, o para ese entonces haya aparecido un celular cuyas funciones sean capaces de quitarme el sueño.

A veces no dejo de preguntarme si esas razones no son lo suficientemente egoístas. Y si en vez de ahorrar dinero para darme un viaje a final de cada año no debería destinar esa plata a ayudar a los demás.

Pero no soporto a los mendigos y cada día me importa menos la suerte de la gente.

El asunto es que cada vez que conozco a alguien, me es difícil no ceder a la tentación de preguntarme que razón, estímulo, creencia o idea  hay detrás, para que esa persona se  levante en la mañana y ponga un pie fuera de su cama.

A mi cada vez me resulta más difícil levantarme en las mañanas. Abro los ojos a las 8 de la madrugada y  me quedo ahí, envuelto en las sabanas, pensando en todo lo que me espera allá afuera. Entre más pienso menos deseos siento de levantarme.

Gracias a dios, no tengo hijos y nadie depende de mí.

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