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CELEBRAR LA MUERTE

Cartel Urbano
Escrito con sangre
Por Kel Báthory
 
Escrito con sangre
Por Kel Báthory
 
Todos nacemos con un propósito: crecer, envejecer, morir. Sin embargo, nos pasamos la vida intentando que nuestra juventud perdure ya sea utilizando cremas, pastillas, tratamientos de todo tipo e incluso cirugías. Todo esto porque no estamos dispuestos a aceptar que tarde o temprano la muerte nos alcance. Al fin y al cabo, aceptarla iría en contra de nuestro instinto de supervivencia más básico.
 
Sin embargo, por mucho que lo intentemos, evitar la muerte no es una opción. La muerte nos alcanza a todos sin distinciones  entre clases sociales. Y cuando llega sin previo aviso, con su guadaña y su frío aliento, hay algo que, independientemente de nuestra cultura, todos nos molestamos en realizar: un funeral.
 
¿Por qué celebramos la muerte de nuestros seres queridos?
 
Todo funeral, ritual o ceremonia es una forma masoquista de celebrar la muerte de las personas que amamos. Estoy segura que si nos lo planteamos, lo último que desearíamos al morir es que nuestras familias recordaran, sufrieran y lloraran nuestra ausencia; lo que queremos es que se repongan, nos guarden en sus corazones pero nos aparten y olviden para intentar rehacer sus vidas y vivir el tiempo que les queda de la mejor manera posible.
 
Imagina por un segundo que has muerto y ves por un cristal todo lo que organizan. Primero el ritual, después el velatorio donde se pasan toda la noche viendo tu cadáver, llorando y rezando, y por último el entierro y las flores en tu ataúd dictando el último adiós. Y tú desde un agujero viendo cómo los llantos de ellos van aumentando por momentos.
 
En España tenemos el Día de todos los Santos que se celebra el 1 de Noviembre. Es una tradición católica que se basa en recordar a los seres queridos que han fallecido, rezarles, y visitarles en el cementerio para ponerle flores frescas, y siendo honestos, en muchos de los casos, para sentirte mejor por haber estado ocupado todo el año con tus problemas y no haber cambiado las flores marchitas.
 
Si ya de por si resulta patético (desde el punto de vista del muerto) necesitar un lugar para ser recordado, y que dependiendo del estado de las flores, se sepa si ha sido o no visitado, más patético es que los mortales tengan un día al año para compensar esa culpa que sienten por no haberlos recordado o llorado lo suficiente.
 
Después está el Día de los Muertos, la famosa celebración mexicana que exagera de una forma grotesca la anterior, pues aparte de ofrecer flores a los muertos, ofrecen comida en altares que preparan en sus casas y que decoran con objetos del difunto, además de acompañarlo con sus comidas y bebidas preferidas. Los familiares encienden velas, pintan y decoran el ambiente con calaveras sonrientes para celebrar disfrazados y con alegría el banquete que comerán junto a los propios muertos que se “reúnen” con ellos a celebrar que están muertos.
 
Qué estupidez. Una cosa es que deseemos la felicidad de los nuestros y otra que gocen y se regocijen en nuestro nombre cuando ya no estamos con ellos.
 
¿Resulta madura esta nueva visión de la muerte? No. Celebrar algo espiritual cuando nosotros somos seres terrenales, me parece un error, un paso atrás, no una forma madura de afrontar la vida.
 
Lo más sincero seria decir adiós a los nuestros con el corazón en la mano y acordándonos de los buenos momentos que hemos pasado a su lado con una sonrisa en la cara, sin necesitad de lugares, objetos y días festivos que nos recuerden que ellos siguen existiendo en nosotros mismos.
 

Saludos, sangrientos lectores. 

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