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BAILE Y RUMBA (PARTE I)

Cartel Urbano

Desde el ombligo
Columna de Gonzalo Valderrama
 
A pesar de que sé bailar muy bien, para ser un cachaco promedio, no puedo con la rumba, sencillamente porque se me hace un protocolo innecesario para llegar o relegarse en el camino de la sexualidad terrícola. Ya alguien lo dijo por ahí: "El baile es la manifestación vertical de un deseo horizontal". No hay de otra: cuando rumbeamos no queremos demostrar cuán buenos o malos bailarines somos; no queremos "pasarla bueno", al son de Wilfrido, Willie, Diomedes o Xuxa; no queremos socializar, canalizar, ni narcotizar. Lo que queremos es "hacer el amor" o hacernos la recíproca masturbación.

Para este corto o largo proceso desde el "¿Cómo te llamas?" hasta el "¿Tienes un condón de sobra?" se tiene que pasar por varias etapas a las que me niego rotundamente.

1. Escoger el sitio. Éste puede ser: a) La casa de un amigo o de un enemigo que sepa divertirse y divertir a sus invitados. Debe ser un chico/chica chévere y de ambiente, que tenga muchos discos, mucho trago y muchos cuartos amoblados, por si el sexo casual. b) Un rumbiadero donde haya ese X-Factor que hace que la gente diga que tal sitio es chévere, y que lo estará de moda durante una estación climática, suficiente tiempo como para que sus dueños caigan en la quiebra y aprendan de negocios o para que ahorren y pongan otro bar en la siguiente estación pensando en un público totalmente distinto, que en realidad será el mismo. c) Un sitio neutral, al que el grupo de amigos irá por molestar y cambiar de rutina (una funeraria, o una caverna de mala muerte, un desierto con tumbao).

2. Escoger un motivo. Un cumpleaños feliz, un infeliz cumpleaños, un matrimonio, un divorcio, un ascenso, un descenso, un gol, un terremoto extranjero.

3. Armar el combo. El éxito de la rumba radica en el tipo de gente se escoge y la manera en que se integran dichos miembros. Los expertos recomiendan que haya más hembras que machos, para que, así, ellos tengan más posibilidades de diversidad, ya que, para ellas, todos los tipos somos iguales… y "si bailaste con uno, bailaste con todos".

4. Hacerse la fiesta a su manera. Ésta es la parte más complicada, subjetiva y personal ya que, como dice el viejo refrán: "Cada cual habla de la fiesta dependiendo de cómo le fue en ella"… o algo así. Si usted tiene la rumba en su sangre, nunca sufrirá, porque todo lo pensará, sentirá y digerirá rumberamente. Gritará como loco/a porque alguien timbró, porque el perro ladró, porque Celia dijo "¡Paprica".

Hay otros, en cambio, que fingen felicidad, porque "hayquestarfeliz"… y "latristezasunaboleta". Esos son los que aplauden al ritmo de las claves, hacen "¡Tss tss!" al unísono con los platillos de la Cumbia Cienaguera, y se muerden el labio inferior con los ojos blanqueados en éxtasis mal actuado.

Hay quienes aprendieron a bailar y ejecutan las danzas aprendidas no por el placer del ritmo afrocaribeño, sino por necesidad de apareamiento o de descreste. Sólo quieren exhibir sus zonas erógenas para comprobar las innegables leyes sexuales de la especie. Sólo quieren hacer sentir mal a los pobres fulanos que nunca la lograron con los contoneos de la pelvis (en todos sus múltiples usos).

Natalia nos ha invitado a su aparta-estudio (que, en su mente, es un aparta-hotel). Ya se compraron las viandas, los pasantes y los practicantes. Todo esto para 30 personas aptas para procrear y que habrán de caber en un cubículo de 64 metros cuadrados de superficie alfombral. Llegará el fatal momento en el que el licor se acabará y se hará la inevitable vaca -momento en el que alguien (como yo, que no tomo ni peleo) se hará el loco y colaborará con lo menos posible (ojalá con la nulidad), porque hay que dejar para el taxi de las 2 o la buseta de las 5-. La música, eso sí, será una fuente infinita, aunque conste de un solo cassette grabado por teléfono en una cinta adhesiva. Desde que algún ritmo rellene el espacio con vibraciones, habrá ambiente para la rumba. Mejor dicho: la música es lo de menos, lo principal es el desfogue…. y esto hasta ahora comienza.

(Tubí continiud)

 

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