AMIGO PERIODISTA, INMORALÍZATE
26/Ene/2012

La columna vertebral
Columna de Alejandro Córdoba Springstübe
El periodismo es el cuarto poder. Su función debe ser vigilar: estar atento para que se cumplan las funciones de los otros poderes (ejecutivo, legislativo y judicial) en las sociedades que se llaman a sí mismas democráticas. Muchos géneros del periodismo también cumplen una función similar a la de la literatura: contar historias.
En el ejercicio de esta función han surgido extraordinarias obras y textos. Basta señalar trabajos como "Cabeza de Turco" de Günter Wallraff, "El puente" de Gay Talese, "Operación Masacre" de Rodolfo Walsh, entre otros miles de textos que conforman el llamado periodismo literario.
Lo que me extraña desde hace un tiempo atrás es una especie de censura que ejercen periodistas o personalidades de los medios sobre la libertad de expresión. Como si de verdad creyeran que, al ser un cuarto poder y poner en cintura a los poderosos, también tienen el privilegio sacerdotal de sancionar las costumbres de las personas o usar categorías "políticamente correctas" para hacer juicios de valor donde no vienen a cuento.
En un texto de ficción escribí la palabra "lesbiana". Un periodista lo revisó. Dijo que no podía decir "lesbiana", que tenía que demostrar por qué era lesbiana. Como si fuera políticamente incorrecto decir "lesbiana" o como si la estuviera acusando de algo sin demostrarlo. Yo no pretendía informar sobre el pasado sexual de la mujer porque ya con esa palabra era suficiente. Se da por sentado que todo el mundo sabe lo que significa.
Muchos consideran mal escritor a Fernando Vallejo sólo porque habla mal de la Iglesia, porque es gay, porque habla de prostitución de "peladitos" (como si fuera una mentira en Colombia o como si el escritor no tuviera la libertad de inventarse males donde no existen). Fue un escándalo en los medios que el escritor donara dinero de su premio para fundaciones de animales. Como ancianas rezanderas, varios periodistas protestaron.
El premio Pulitzer, que usualmente es patrimonio de los periodistas, ha premiado obras literarias de la talla de La conjura de los necios. Sin embargo, también ha cometido injusticias: el jurado del premio rechazó la obra El arcoíris de la gravedad de Thomas Pynchon por considerarla obscena.
Sin ir más lejos, la columnista Virginia Mayer se sumó este mes a las alabanzas o críticas a Bogotá. No sé si pretendía escribir el "poema" sobre la ciudad o hacer un retrato de la misma. Me pareció un texto ajustado a la realidad: Bogotá no es un puteadero ni un jardín católico para pulcros ciudadanos. Las cosas y las personas son psíquicamente ambidiestras: el mal y el bien campean por todos lados. Mientras que tu futura mujer te dice el "sí, sí quiero" pueden estar asesinando a un gamín a cincuenta cuadras. El asco y el gusto pueden convivir: después de ver a la mujer que amas y cuando estás en soledad, no tienes ningún problema en sacarte un moco con el índice (de la misma forma que no tuviste problemas en besar a esa mujer). Resulta que un tal Álvaro Pérez García, periodista que trabaja en RCN, respondió a esa columna con mucha indignación por su "Atenas de Suramérica". Trata a la columnista de libertina, dice que su texto demuestra escaso afecto por la ciudad y que Virginia es una auténtica ‘gonorrea’. No tengo palabras para responderle a una persona tan atacada por prejuicios morales. Por fortuna a la columnista de Kien&ke no pareció importarle.
También podría hablar de la sopita que nos tiene preparada Rupert Murdoch. Pero mejor dejarlo todo en que un literato no puede juzgar una noticia diciendo que cumplió una labor estética o que falló a la hora de agradar o entroncar con un concepto del arte. Asimismo los periodistas no pueden juzgar la opinión ni la literatura con categorías informativas, por ejemplo diciendo que "no habló bien de la ciudad porque no la conoce".
Señores de los medios no sean inquisidores. No censuren. Es cierto, deben ser practicadas las buenas costumbres (que aun no sé cuáles son) para que exista una armonía social, pero a la hora de crear un texto literario es justo que uno imagine tanto crímenes como flores, obscenidades, actos de amor, odio, malos sentimientos, tristeza y ataques de alegría. En eso consiste la vida. La imaginación es libre. Te hago un llamado: a la hora de juzgar, sé obsceno. Amigo periodista: ¡inmoralízate!