LA INOCENCIA DE CAMINAR DE LA MANO EN INDIA

No es extraño ver a dos indios caminando por la calle cogidos de la mano, pues en esa nación es una imagen tan común como la de alguien tomando chai en una esquina. Pero no se trata de homosexualismo, como podría especularse en Occidente, sino del más puro aprecio. En este fotorreportaje se muestra una cara de las costumbres y los roles masculinos en ese inmenso país del sur de Asia donde el afecto entre machos no se esconde.
Fotografía: Helkin René Díaz
Texto: María Kapoor
Por fuera de la India se puede malinterpretar. Es más, no es raro que en una calle concurrida de Bombay o Nueva Delhi un turista se sorprenda al ver que dos hombres se toman de la mano en público. Esta expresión de cariño entre dos amigos del mismo sexo ha sido tradicionalmente común en aldeas y algunas ciudades de la India, ese territorio milenario de múltiples contrastes. Incluso en Kerala, un estado conservador en el que se sigue discriminando a los gays por considerar su inclinación sexual una aberración, el hecho de que dos amigos se tomen de la mano no representa ningún estigma homosexual.
Hace cientos de años, en los sectores rurales del segundo país más poblado del mundo comenzó a incubarse un tipo de aproximación afectiva entre hombres que nada tiene que ver con deseo carnal.
El sincretismo religioso prohibió las manifestaciones públicas de cariño entre hombres y mujeres, al igual que los encuentros eróticos antes del matrimonio o por fuera de éste, pero sí consintió ciertos gestos de afecto entre machos. Esa falta de aproximación con el sexo opuesto llevó a los hombres, desde su niñez, a acercarse físicamente a sus amigos.
A pesar de que el contacto entre hombres y mujeres ha dejado de ser un tabú, la tradición de intimidad entre amigos hombres permanece.
En India, un hombre puede guiar con ternura a otro del meñique, mientras otros dos descansan plácidamente recostados con una proximidad cómplice.
En una cultura donde comer es un rito, donde todos comparten de un mismo plato sin cubiertos, donde en una cama duerme toda una familia, los límites del contacto físico se diluyen en una inocente cercanía masculina.







