COLOMBIA FEST

El primer jueves de cada mes, Gastón Franco pone a bailar a miles de jóvenes de todas las clases sociales de Buenos Aires en la Colombia Fest, una gran fiesta de cumbia colombiana. Esta es la historia de un DJ bonaerense de 26 años, que en su primer toque ganó tres veces el sueldo que le pagaban como todero en una oficina y que a pesar de su fervor por la cumbia colombiana aún no conoce la cuna de este género.
Por Nahuel Galotta
Iba montado en un colectivo. El DJ Gastón Franco se dirigía a comprar unos tenis cuando en un semáforo se topó con un cartel publicitario gigante que decía “Personal Fest”. Se refería a un evento musical organizado por una empresa de telefonía celular. El cartel se le quedó grabado en la mente. Cuando llegó a su casa, ya tenía resuelta una parte del asunto en el que venía pensando hacía meses: “Mi fiesta tiene que llamarse Colombia Fest. Simple, corto: ‘Fiesta de cumbia colombiana’ ”.
A principios de 2007, Gastón ya usaba el seudónimo de DJ Negro Dub, pero eran sus amigos quienes trabajaban en los lugares en los que él quería poner música. Entonces sentía que no le quedaba otra opción que organizar sus propios eventos. A mediados de ese año alquiló una discoteca para hacer la primera Colombia Fest, la única fiesta de cumbia colombiana remezclada en Argentina. Sus amigos le ayudaron a vender las entradas anticipadas para pagar el alquiler.
–Y quedó gente por fuera –dice Gastón–. Por una ventana me di cuenta de que la fila le daba la vuelta a la manzana. No lo podía creer. El dueño del sitio me dijo que registráramos juntos la fiesta como una marca, pero obviamente le dije que no. Desde entonces, la Colombia Fest se celebra en bares populares o en discotecas de la capital federal adonde asisten entre 4.000 y 6.000 personas cada mes. Los jóvenes de barriadas humildes contratan en grupo micros de transporte público para poder llegar. Otros van en los carros que les han regalado sus padres.

–La Colombia Fest es familia. Es una fiesta de amor y paz –dice su creador–. Por más que haya público de distintas clases sociales, no se forman peleas. Hoy somos una pequeña empresa: tres DJ, relacionista público, productores que nos manejan las redes sociales y organizan los eventos. Apuntamos a realizar la ‘Creamfields’ (el famoso festival internacional de música electrónica) de la cumbia colombiana en Buenos Aires. Pasar cumbia durante doce horas seguidas, al aire libre, y viajar a Colombia a mostrar lo que hacemos.
El camino ya comenzó a recorrerse: en diciembre su música sonará en vivo en México. Lo contrata un productor que lleva a ese país grupos de cumbia argentina.
Cuando tenía trece años, Gastón Franco no montaba mucho en bicicleta, no coleccionaba réplicas de carros, tampoco figuritas de fútbol. Vivía en un barrio de clase media en Buenos Aires. Estudiaba y, como internet y los celulares eran sólo para los hijos de familias más acomodadas, en la tarde jugaba fútbol en un club de su barrio. Era 1998, y para la mayoría de los niños argentinos no había otro pasatiempo que la pelota. Sus mejores amigos eran dos chicos que vivían en Caseros, un populoso barrio de la provincia de Buenos Aires.
Una tarde los tres se encontraron en la esquina del club, decidieron no asistir al entrenamiento y subieron a un colectivo. Querían ir a la feria popular de la localidad de Caseros. Gastón no conocía el lugar. Fueron en busca de la música que habían escuchado alguna vez en el vestuario. Esa cumbia que tanto sonaba en las afueras del conurbano bonaerense, pero muy poco en la Capital Federal, donde vivía Gastón. En Caseros se vendían casetes de grupos como Karo’s, Ginzu, Cañaveral, Rayito Colombiano. No existía otro lugar en Argentina donde se pudieran comprar, y Gastón no tenía ni el dinero ni la edad como para viajar a Colombia.
–Los casetes decían “Explosión colombiana”, pero eran en realidad grupos mexicanos. La cumbia colombiana la conocí después. Primero fui con mis amigos, pero después ya iba solo. Llegaba a la casa de un pibe que vivía con la puerta abierta, entraba y le decía qué CD de cumbia colombiana quería.
Gastón lo cuenta con los ojos bien abiertos, como si se estuviese viendo, como si todavía tuviera trece o catorce años. A pesar de que era un asentamiento peligroso, donde imperaba la ley del más fuerte, corría solitario el riesgo con tal de volver a casa con casetes de cumbia colombiana. Nunca lo robaron.
–Un día escuché El campanero, de Aniceto Molina. Ese fue el primer colombiano colombiano que sonó en Argentina. Yo vendía la ropa que me regalaban mis papás para comprar cumbia y para ir a los bailes donde sonaba la música que me gustaba.
En una fiesta, un amigo le presentó al DJ Taz, que a veces pasaba algunos temas colombianos. Gastón tenía 16 años y por un novio de su tía había conocido un programa de computador que le permitía hacer “bases”. Ahí grabó toda la cumbia colombiana. Desde ese día soñó con ser DJ.

Son las dos de la mañana de un sábado. Gastón Franco dice que hoy el baile explota. La Colombia Fest regresa a Capital Federal, después de un tiempo de gira por la Provincia de Buenos Aires. El lugar es una discoteca. Alquiló el salón y difundió el evento por las redes sociales y a través de su programa de radio por internet. La capacidad es limitada. Por eso se han vendido las entradas con anticipación, para evitar la transacción en la puerta y que mucha gente se quede por fuera y con ganas de entrar. Además de los DJ, se presentará en vivo el grupo de cumbia argentina Los Gedes.
Gastón está siempre cerca de sus consolas. Tiene una visera, tenis color naranja y una sudadera deportiva. Es alto y flaco. Toma cerveza en lata.
–La fiesta la hacemos una vez por mes porque no queremos aburrir al público. Aparte, con una fiesta por mes nos alcanza.
Con la primera fiesta, que se realizó en la disco Bella Roma un viernes de agosto de 2007, Franco ganó el equivalente a tres sueldos de su trabajo como asistente de oficina. Salió con una botella de champaña y el dinero escondido entre su ropa. Tomó un taxi y se fue a su casa. Puede que ese día, a esa hora, haya sido el tipo más feliz del mundo. Después de esa primera Colombia Fest, comenzó a vivir de su música.
Si bien la cumbia colombiana se conoce en Argentina desde los años sesenta y setenta, fue sólo hasta los noventa cuando empezó a popularizarse entre los jóvenes. Un DJ argentino de cumbia que residía en Los Ángeles compró varios CD y decidió viajar a Argentina y venderlos. Eran de Policarpo Calle, Andrés Landeros, la Sonora Tropicana y la Sonora Dinamita. La mayoría fueron a parar a la cabina del Tropitango, la disco más colombiana y a la que iba a bailar Carlos Tévez con sus amigos del Fuerte Apache, otro de los asentamientos populares de Buenos Aires. En ese mismo lugar, Gastón escuchó Sabor a gaita, de Landero, y decidió remezclarlo.
–Ese fue mi primer éxito. Yo tenía 20 años y cuando los DJ pasaban mis temas se me ponía la piel de gallina. Los bailes explotaban cuando sonaba esa canción. Mis amigos me señalaban y yo me ponía colorado de los nervios.