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EL FOTOÁLBUM DE JAVIER SÁEZ

El español Javier Sáez Castán es una autoridad a nivel mundial en materia de libros-álbumes. En septiembre estuvo en Bogotá, compartiendo su experiencia como ilustrador. Habló con Cartel Urbano sobre su trabajo y acerca del boom de la ilustración en los últimos años.

 

Son en total 4.096 figuras que se pueden obtener combinando piezas en El animalario universal del profesor Revillod, tal vez la obra más conocida de Javier Sáez y con la que ganó el premio a mejor trabajo ilustrado en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil de Ciudad de México. Sáez Castán ha sido el responsable de decenas de libros de referencia, entre los que se destacan La merienda del señor verde, El valiente soldadito de plomo y La venganza de Edison. Muchos de ellos evocan imágenes que van desde el surrealismo de Magritte hasta los textos de clasificación de especies de la Edad Media.

Este licenciado en Bellas Artes, nacido en Huesca (España) hace 48 años, siempre se dedicó a la ilustración. Actualmente dicta talleres en varios países. A Bogotá vino invitado por el centro cultural Casatinta, para dar un curso-taller sobre el libro-álbum, un formato “a medio camino entre las imágenes y las palabras”.

¿En qué centra sus charlas sobre el libro-álbum?

Les doy a entender a los ilustradores que las imágenes no están aisladas, que forman parte de una secuencia. A veces sólo están pendientes de la imagen que tienen en frente y le dedican todo su esfuerzo, pero con el libro-álbum debes tomar en cuenta que es un trabajo completo. Es curioso, porque lo relacionan a menudo con la sencillez, pero reúne elementos de escultura, pintura, diseño y hasta música.

 

¿Cómo es el proceso de dibujar y escribir, propio del libro álbum?

Igual que en el cine. El director no piensa primero en la imagen y luego en los diálogos, me imagino que en su cabeza ambas partes son un conjunto. En nuestras percepciones se funden constantemente imágenes y palabras; cuando hablas con alguien, lo miras y al mismo tiempo oyes sus palabras. Algo similar sucede con el libro-álbum: el texto y la imagen son una sola entidad.

 

¿Qué es lo más importante para un ilustrador al contar historias?

Encontrar una imagen detonante, un momento enigmático que nos haga pensar qué ocurrió antes o después. Algo parecido a lo que haría un fotógrafo de prensa: escoger una imagen que cuente algo. Luego viene la unidad estética y visual que mezcle todo lo que está sucediendo y se reconozca en un mismo mundo.

 

¿Cómo fue el proceso detrás de Animalario?

La idea surgió en mi adolescencia, cuando hice un juego con una caja de zapatos en el que imaginaba a un profesor que había descubierto esos animales. Lo que pretendo con este proyecto es recuperar el juego infantil en forma de libro.

 

¿Cree que actualmente hay un boom de la ilustración?

Sí. Esta es una generación que se interesó en la ilustración como una manera de volver a la infancia. La ilustración es casi sinónimo de libros infantiles, pero cada vez hay más libros ilustrados que atraen a los adultos, lo que hace que aumente el interés por este tipo de textos. Es algo que sin duda está creciendo.

 

¿Cuál cree que es el principal error de los ilustradores que están empezando?

Copiar a otros. Nos nutrimos de todo lo que vemos: otros artistas, la prensa, la tele, en fin… El error está en un amaneramiento al hacer las cosas y una repetición de procesos que va a repercutir en que el ilustrador tenga que oír frases como “Esto ya lo he visto”. Es un ejercicio de mirar, pero también de consolidar una estética propia.

 

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