SIETE FORMAS DE CONTAR UN CUENTO

Como el siete es un número cabalístico y siete años está cumpliendo Cartel Urbano, le pedimos a un lector impenitente que elaborara a su antojo una lista pequeña de nuevos narradores hispanoamericanos que valiera la pena leer.
Por Darío Rodríguez
El siguiente, por favor
Íos Fernández(Colombia)
(Editorial Babilonia, 2012)
Lo que convierte a Íos Fernández en un escritor singular es su capacidad de dar vueltas en zonas insospechadas del relato, de no concederle ni argumentos ni estilos fáciles al lector. Los relatos de este libro parecen a primera vista meras anécdotas, pero cuando se recorren su lenguaje, su atmósfera calurosa y su firmeza para mostrar realidades, se concluye que estamos ante un escritor que merece mayor atención en las letras colombianas.
Algo se nos ha escapado
Katya Adaui (Perú)
(Borrador Editores, 2011)
El tema central de este libro comprende la pérdida, el no aferrarse, los callejones sin salida del afecto, desde el desconsuelo amoroso hasta el deceso del padre. Cuarenta y siete narraciones escuetas, que combinan relatos de largo aliento (no exentos de cierto registro periodístico) con microficción. El drama familiar y el personal se entrecruzan para mostrar pasajes comunes a toda familia y a toda pareja. Es notable la pericia de la autora para desnudar esas capas pudorosas con que suele encubrirse la intimidad del clan o de la relación sentimental.
Siempre te creíste la Virginia Woolf
Claudia Apablaza (Chile)
(La Calabaza del Diablo, 2011)
Apablaza ha creado en sus libros un espacio muy peculiar, alimentado por personajes que edifican su existencia a partir de la literatura y de sus posibilidades más delirantes: juegos de identidades, paródicos o macabros, entre órbitas web y sus contrastes. Críticos literarios, periodistas culturales, jóvenes escritores, editores y agentes literarios desfilan por sus textos. Preocupada por la forma y por la estructura, la narradora imita las obsesiones de sus personajes, hasta cuestionar incluso oficios como el de escritor y el de editor.
Viaje al Perú
Juan Carlos Orrego (Colombia)
(Editorial Universidad de Antioquia, 2012)
En un campo formalmente restringido, como el cuento, este libro de Orrego es un ave rara. Viaje al Perú, según el propio autor, es una colección de relatos sobre diversas experiencias (más sensaciones que aventuras) de una visita al país inca en 2009. Acaso sea más preciso llamar “crónicas” a estos retazos de prosa. Se destaca el modo en que Orrego hermana textos de crítica literaria con sus impresiones sobre el paisaje y el color local.
Seísmos
Javier Puche (España)
(Thule Ediciones, 2011)
Cuentos de seis palabras. El carácter en exceso corto de estas narraciones, tan cercanas a la poesía, permite comprender cómo las profundas fracturas de la sociedad son también poderosas herramientas para entenderla. Un par de seísmos de Puche: “Acaricia el suicida a la anaconda”, “El monstruo bajo la cama tosió”. El autor explica así el origen del formato y la justificación del experimento: “Piezas de ficción súbita que rinden tributo a Ernest Hemingway. Porque fue él quien escribió sin saberlo el primer seísmo de la historia, aquel temblor en seis palabras que dice: “For sale, baby shoes, never worn”.
Pájaros en la boca
Samanta Schweblin (Argentina)
(Almadía, 2009)
Los relatos de Schweblin siempre están en un límite no muy definido que separa una narrativa realista –quizás un poco anticuada para los posmodernos– del relato fantástico de casta, tipo Bioy Casares o Cortázar. El relato Pájaros en la boca puede ser una muestra de su ya reconocida maestría: un padre se da cuenta de que su hija adolescente come pájaros vivos, lo cual le permite a la autora mostrar una atmósfera de soledad e incomprensión, abordar las brechas generacionales y poner en situación la llamada “normalidad”, que para ella es artificial.
Instrucciones para dar el gran batacazo intelectual argentino
Juan Terranova (Argentina)
(Editorial Reina Negra, 2012)
¿Hay un género que Terranova no haya trabajado? Sus incursiones en el ensayo, la novela, el periodismo y la poesía parecen confirmar su voracidad para abarcar cualquier estrato literario. ¿Son estos cuentos entretenidos, iluminadores? Que hable el propio Terranova: “Mis libros de cuentos se van armando un poco como esas comidas que preparás cuando no hiciste las compras. Pongo lo que tengo en la alacena, lo que quedó en la heladera y armo el libro de relatos. De allí su carácter de ensalada atípica”.