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CASAS-CUEVA

A finales de los años setenta, el arquitecto suizo Peter Vetsch pidió un préstamo en un banco de Deitikon, la misma ciudad donde se encuentra la casa-cueva de esta foto. No le aprobaron el préstamo, pues para la época resultaba algo descabellado financiar la construcción de una casa que por su diseño parecía más el refugio de un hobbit que el hogar de un ser humano. Pero Vetsch, en su afán de servirle al planeta, logró conseguir el dinero para edificar su primera casa-cueva, un tipo de vivienda con la que buscaba –y así lo ha logrado– la armonía total con la naturaleza. Estas cavernas incrustadas en la tierra, con detalles vanguardistas en su diseño y elaboración, ofrecen varios beneficios para sus habitantes y el medio ambiente: el suelo funciona como una capa aislante que las protege eficazmente de la lluvia, las bajas temperaturas, el viento y el desgaste de las superficies; además, sólo necesitan un tercio de la energía que requieren las casas corrientes. Al estar incrustadas en ambientes naturales, son frescas en verano y abrigadas en invierno. Peter Vetsch, que antes de dedicarse a la llamada arquitectura ecoamigable estudió agronomía en Suiza y artes en Alemania, ha construido más de 70 casas-cueva, la mayoría en su país natal. El costo de estas viviendas ecológicas es similar al de una casa convencional, pero su mantenimiento es mucho más económico y, lo mejor de todo, son más seguras contra incendios, terremotos o huracanes.

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