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LAS HUELLAS DE PORFIRIO

 

Por Porfirio Ramírez Aldana 

 

La vida mía es un calvario. Mi infierno comenzó el 2 de abril de 1991. Vivía en la inspección de Playa Rica, municipio de Valparaíso, en Caquetá. Tenía mi casa, una estación de gasolina y un negocio de billares. Ese día, a las 5:45 de la mañana, un grupo de la policía llegó a hacerme un allanamiento dizque porque tenía armas de la guerrilla, pero todo era mentira, una fachada. Lo que ellos creían era que yo tenía coca, y seguro querían robársela. De eso me enteré después.

Por los nervios y el afán de que no le hicieran daño a mi familia, me le eché encima a uno de los agentes; entonces se desató una balacera y uno de los tiros me dio en la espalda. Desde entonces mi cuerpo está muerto de la cintura para abajo.

Llevo 21 de mis 56 años en esta silla de ruedas, sin poder hacer nada. Yo manejaba carro, moto, atendía mis negocios, era una persona activa, pero todo lo perdí luego del balazo. Me tuve que desplazar por la violencia, mi esposa me abandonó cinco años después del allanamiento, mis tres niños estaban muy pequeños y nunca tuvieron un padre que los llevara al colegio o que jugara fútbol con ellos. Quedé en la miseria, inválido, con cicatrices y una úlcera varicosa en el glúteo izquierdo, una llaga abierta que tardó más de diez años en cerrar y que me tuvo con fiebres intensas y recurrentes. Ni siquiera soportaba estar en la silla de ruedas más de dos horas seguidas. Sin plata, sin indemnización y desesperado por mi situación, el 12 de septiembre decidí secuestrar el avión en Florencia (Caquetá), pero no para hacerle daño a nadie. Yo lo único que quería era hablar con el doctor Álvaro Uribe para contarle mi historia y que el Estado respondiera por lo que me hicieron.

Sin embargo, lo único que logré fue que me dieran un lotecito en Palmas del Edén, un barrio de estrato 1 a quince minutos del centro de Florencia, donde vivo con mi hijo menor y su familia. El lote, las tejas y los ladrillos me los regaló una fundación. Luego vinieron a buscarme para la película y con los nueve millones y medio de pesos que me pagaron pude terminar de levantar el ranchito. 

Ahora tengo la posibilidad de mostrarle a la gente mi talento y las más de 40 canciones sobre la historia de mi vida que he escrito en todos estos años. Además, ya terminé de escribir el guion de una segunda película que también trata del secuestro del avión y de mi vida, pero que tendrá más acción y suspenso. Sigo con la idea de hablar con el presidente, porque nadie me responde por lo que perdí después de lo que me hicieron. 

 

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