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JOHNNY CASH NO CANTA REGUETÓN

Cartel Urbano
Otro payaso en la lavadora
Por Daniel Bonilla
 
Otro payaso en la lavadora
Por Daniel Bonilla
 

Posiblemente John Ray Cash, conocido e inmortalizado como Johnny, no necesite de estas palabras. Seguramente cualquier reivindicación de su nombre sea innecesaria e inútil, Johnny Cash ya es un clásico y su música seguirá sonando para las generaciones venideras sin que sea imperativo cualquier tipo de justificación para escucharla o deba convertirse en un asunto dogmático. Pero aún así, no puedo evitar quejarme.

El caso es que este monumento de la música popular estadounidense, que paseó con su voz y su guitarra por el country, el blues y el rock & roll, que hizo versiones de temas de Cat Stevens, Trent Reznor, U2 y Bob Marley, y cuya discografía es una de las más extensas de todo el orbe, jamás imaginó que su nombre (o por lo menos el sonido de su nombre), terminaría asociado con el reguetón colombiano. Debo advertir primero que no tengo nada en contra de este género musical, finalmente cada quien es libre de escoger qué quiere escuchar y que no, y ese es un acto respetable por donde se le mire, pero no puedo evitar pronunciarme frente al hecho de que un cantante de reguetón haya usurpado el nombre de Johnny Cash.

Sí, así como lo leen, hay un cantante colombiano de reguetón que se hace llamar Jhonny Cash (solo cambia de lugar la ‘h’ pero en esencia el nombre es el mismo), tiene un club de fans, algunas canciones sonando en emisoras y una cuenta en twitter, en la que además, irónicamente, acompaña su nombre con un llamativo signo de copyright ©. No deja esto de causarme curiosidad porque bien puede tratarse de una total ingenuidad o de una estupidez del tamaño del universo.

Claro, alguien argumentará que el sentido que le da el reguetonero nada tiene que ver con “El hombre de negro”; que el “Cash”, en el caso del colombiano, alude al asunto del dinero y que este músico es “efectivo”. Otros dirán que tal vez el colombiano nunca supo de la existencia del estadounidense por tratarse de dos vertientes musicales distintas y frente a eso, no puedo menos que decir que, en una época como la nuestra, con la información circulando a raudales, es imposible que un artista pueda cerrar los ojos y no se entere de lo que ocurre en el mundo de la música. Por eso no creo que esto haya sido una inocente coincidencia, y tampoco hay derecho a ser tan cándido, sobre todo porque pareciera ser que la imagen que venden estos cantantes de reguetón es la de tipos duros, “avispados” y que se las saben todas.

Tengo una teoría más macabra, y es que este tal Jhonny ha acometido una de las “colombianadas” más comunes y palurdas. De seguro ustedes han visto en los mercados de contrabando y en el comercio popular de imitaciones, cómo se suele cambiar sutilmente el nombre de una marca de tal manera que se conecte inconscientemente en la mente del consumidor con la referencia del original. Es así que hemos visto calles inundadas por “nuevas marcas” como Abidas, Bossi, Totto’s, Luis Bartón, entre muchas otras, que se agarran como parásitos al éxito de la marca de origen pero que solamente terminan siendo un remedo burdo y acentuando su condición de imitación precaria. Eso también me recuerda el caso de los empresarios colombianos que patentaron la marca de cervezas “Duff” y cuyo argumento principal fue que la de ellos se llamaba realmente “Duh” y que por eso difería radicalmente de la cerveza de Los Simpsons, así cualquier desprevenido notara de inmediato la similitud en el diseño de la grafía del nombre.

Veo un procedimiento similar en el caso del reguetonero al tratar de agarrarse de un emblema de la cultura y recurrir a un truco que está más cerca de la estafa que de lo creativo; estafa que queda al descubierto muy pronto y pone en tela de juicio a su ejecutante. La duración de estos golpes de popularidad de algunos colombianos que se atribuyen esa supuesta “viveza”, suele ser muy corta, y de ello queda, generalmente, el recuerdo de un acto ridículo. En este caso, el “cash” no es más que moneda falsa, de esa que puede circular durante algún tiempo en las manos de los incautos.        

  

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