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…TODOS TENEMOS UNA

Cartel Urbano
Desde el ombligo
Por Gonzalo Valderrama
 
Desde el ombligo
Por Gonzalo Valderrama
 
Entiendo que la frase es de George Carlin: “Las opiniones son como los culos: Todos tenemos una”. Más allá del gracejo escatológico planteado por el difunto comediante norteamericano, el sarcasmo oculto de la línea consiste en que esa compulsión humana llamada “opinión” es de valor muy relativo, fugaz, intrascendental… y que opines lo que opines de cualquier tema, el tema en sí permanecerá intacto… a menos que tu opinión contenga algún tipo de exhortación revolucionaria o iluminadora, que inspire un cambio verdadero, a lo túmbelis del muro de Berlín… pero generalmente no es así.

La opinión es una pirotecnia del ego que trata de hacer resonancia en los egos lectores. Si hay aceptación, llegan guiños. Si hay rechazo, escupitajos 2.0. De eso se trata. Es sólo un juego textual. No es la realidad, a pesar de que en ella está inspirado el ejercicio mental. La opinión no se ase, pero se hace… y aunque se ase en la parrilla de la crítica matoneadora, la realidad sigue inmodificada entre las olas del mar de las interacciones. A la semana o al mes, todo regresa a su estado natural: la finita inercia de la vida, esa que sale por televisión.

Cuando uno “tiene” una “columna” de “opinión” (disculpen la entrecomilladera) en una revista virtual de acceso gratuito y con posibilidad para los lectores de opinar sobre el opininador, se suele desencadenar un rifirrafe de piedras/flores, de likes/ dislikes… o sencillamente de indiferencia. La tarea semanal de escribir 600-700 palabras sobre “algo” que genere “controversia” se vuelve un mini-karma, muy similar al que se padecía en primaria, cuando volvíamos a clases, y la profesora de Español nos pedía redactar una “composición”. Los temas más frecuentes: el campo, la familia, mis vacaciones, la vaca, mi héroe, mi país, etc.

Aquí no basta con describir un ítem o plantear un manifiesto personal, no. La idea es emitir al menos un juicio lo más objetivo posible sobre algo que le mueva la fibra de la susceptibilidad al público lector. Temas ideales: el aborto, las elecciones, la importancia de la gaseosa litro en balompié de finales del siglo XX, un magnicidio, las tendencias a-sexuales, el machismo, el cubismo, el estrabismo. Si navegas en la superficialidad, como esta columna, no generarás tantas visitas ni ceños fruncidos… y no te vuelven a llamar de la revista.

Por lo tanto, ya que el tema de esta columna-de-opinión es la opinión misma (meta-opinión), yo opino que opinar es inútil en el mundo actual, tan saturado de ruido visual y semántico. Ergo, amparado en esta premisa, mi columna y todas las demás son redundancias de una existencia que no se detiene (por ahora). No somos más que obtusos removedores de la sopa humana, alborotadores gratuitos del avispero emocional de quienes se cruzan por estas páginas de mentiritas.

En el fondo de la superficie, lo que un columnista, de cualquier índole, pretende con sus caracteres digitales, semana a semana, es tratar de alterar visiones de mundo, demostrando que el lenguaje está subutilizado, y que un paquete de grafos, leídos de corrido por una mente abierta, pueden hacer clic en las cabezas; que diga lo que diga, no importan las consecuencias: la idea es causar resonancias, detonar sinapsis, intuitivamente, especulando sobre los posibles intereses del desconocido y respetable (irrespetable) “público”. Pero el tiro no siempre sale por el cañón… y sintonizar con todas las mentes es misión imposible… y muy aburrido.

Por lo tanto, da igual de qué tema hable la próxima semana. Yo sólo quiero fluir.

Al fin y al cabo, sólo somos ladrillos en la pared

¿Por qué, entonces, no ser, mejor, tablas en el puente?

Si mis palabras contribuyen a que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al café de la esquina… y brindaré por ustedes… o por mí, que es casi lo mismo. 

 

 

 
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Cartel Media S.A.S.

 

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