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EL AMOR DE UNA VAGABUNDA

Cartel Urbano
Cambié de opinión
Por Rafael López
 
Cambié de opinión
Por Rafael López
 
Ahora que está a punto de terminar este mes de septiembre, en el que floristas y chocolateros han hecho su agosto, quisiera compartir con ustedes algunas ideas que tengo sobre eso a lo que hemos llamado amor. En primer lugar les diré que no existe, el amor es un invento de Hollywood para que Julia Roberts pueda hacer películas, porque definitivamente no existe el amor de las películas, ni mucho menos el de los cuentos de hadas.

Nos han dicho una sarta de patrañas sobre el amor que han hecho de este una experiencia en muchos casos dolorosa y en gran medida imposible. Es que primero te dicen que creas en el amor a primera vista, y luego te salen con que el amor es ciego. ¡Así no se puede!

Por ejemplo, tenemos la idea de que el amor va de la mano con el dolor y el sacrificio, con la anulación propia en aras del otro. Yo que fui criado a punta de boleros creo que son muy peligrosos los estribillos que repiten: si te vas me muero, o eres mi vida, eres mi adoración. Estas ideas nos empujan a construir relaciones codependientes, en las que el temor por la partida del otro es un síntoma del amor. 

Que el sacrificio hace parte de la idea del amor me parece evidente si pensamos en cuál es la más grande muestra de amor en el imaginario de occidente, porque no creo que sea otra sino la muerte de Jesús, que en una muestra de su infinito amor entregó su vida por todos nosotros. Pffff, si yo hubiera sido Chuchito no me habría sacrificado, sino que le habría dicho a mi papi que por amor de Dios perdonara a todo el mundo, que mejor hiciéramos una fiesta, y ¡abracadabra! me pongo a hacer vino a la lata.

Existe, también, la idea de que el amor verdadero es una pasión eterna, un fuego que arde para siempre sin necesidad siquiera de ser alimentado. Esto, estimados amigos, es un imposible biológico. Exigirle al amor que nos haga sentir atraídos por la misma persona para siempre sin importar qué, es como poner a un equipo profesional de básquet a jugarse un partidito contra un grupo de enanos; se me hace un poco injusto.

La mayoría de los animales no construyen relaciones monógamas, y los pocos que lo hacen, repiten cada tanto su ritual de apareamiento tal como si fuera la primera vez. Me parece obvio que la pasión eterna y gratuita no es posible, y lo más cerca que podremos estar de vivir algo así, será el resultado de repetir los rituales de conquista una y otra vez, como si fuera la primera vez.

Por mi parte, siento que de quien más he aprendido sobre el amor ha sido de mi gata, Vagabunda. Para mí el ronroneo de un gato es una de las experiencias más sensuales que existen y la añoro tan intensamente como estar en los brazos del amor y las caricias de mi amada. Es que cuando un gato ronronea, te está diciendo que te ama. Sin embargo, yo no puedo forzar de ningún modo que suceda el ronroneo. No puedo obligar a Vagabunda a que venga, porque a pesar de que ella sabe que es ese su nombre, jamás viene cuando la llamo; ella solo viene cuando se le da la gana. Y el hecho de que venga no garantiza que habrá ronroneos, porque a veces pasa y a veces no. Por eso cada vez que viene a mí, yo no me puedo poner a reclamarle porque no vino cuando la llamé, o que la última vez que vino no ronroneó; nada de eso importa, cada vez que viene yo solo la consiento para ver si ronronea esta vez, otra vez.

Del amor de Vagabunda aprendí que al amor no hay que llamarlo, obligarlo, ni exigirle, solo hay que agradecerle y disfrutarlo cada vez que viene al fin. 

 

 

 
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