CIRUGÍA HIDROCEFÁLICA PARA GOBERNADORES
24/Sep/2012

En la otra esquina
Por Harvey Murcia
¿Cambiarse el color de la piel? Estoy seguro de que ni al mismo José Obdulio, maestro de la inter-vención, se le hubiese pasado por la cabeza. Sí, estoy hablando del desafío a la naturaleza para demostrar que se puede hacer con el cuerpo lo que se desee.
En la otra esquina
Por Harvey Murcia
¿Cambiarse el color de la piel? Estoy seguro de que ni al mismo José Obdulio, maestro de la inter-vención, se le hubiese pasado por la cabeza. Sí, estoy hablando del desafío a la naturaleza para demostrar que se puede hacer con el cuerpo lo que se desee.
Bajo este concepto, aparecen las posturas maniqueas y soterradas sobre las implicaciones que tendrá el modificar “el estuche del alma”. Más hoy, que la ciencia médica ha desafiado los designios de la providencia. Desde distintos centros de información y entretenimiento, asociados a un inconformismo del cuerpo, se mundializó el tema.
Lo que parecía ser un modo de lograr lo que el gen familiar había negado, medidas perfectas, perfiles angelicales, miembros justos, talla perfecta, se convirtió en la marca de nuestros tiempos. Marca que está cada vez más lejos de lo que se comprende como belleza (en tanto eco cultural y social) y más cerca de lo freak, lo monstruoso.
Imagine cómo la gente se pone botox en la cara, en los labios, para parecer más bella o detener el tiempo y luego, esta toxina hace lo suyo: estragos y deformaciones. Estos monstruos, hijos de los quirófanos, y de la mano científica se vuelven imagen de culto, bien sea por su condición o por ser víctimas de la ingenuidad, de la vanidad y de la industria. (Los invito a que revise el siguiente enlace http://www.eltiempo.com/Multimedia/especiales/excesosenbelleza/ )
Figuras, siluetas de humanos que recorren las pasarelas de la cotidianidad; sus excesos estéticos ya no asustan, ni sorprenden. Son el pretexto perfecto que moviliza una economía que busca, bajo estos experimentos, reconocer que la ciencia pueda seguir avanzando para satisfacer las necesidades que ni el mismo Dios ha podido resolver.
Alargamiento de piernas a través de un aparato entre la tibia y el peroné; implante de silicón en el cráneo para tener una “totuma” perfecta y así, ser menos cabezón; incisiones en los cachetes para lograr esos hoyitos que tanto gustan. Se puede cambiar el color de los ojos, quitar costillas, reconstruir el himen, agrandar el glande, modificar las orejas, operar el rostro para ser el reflejo fiel de alguna celebridad, o de la mamá; eso ya no importa.
Lo que empezó como una suerte de tributo a la imaginería popular, de los cuentos y leyendas es hoy una realidad. Desde las redes sociales se promueve el evangelio a la belleza a través de las intervenciones estéticas; y confieso que yo también lo quiero impulsar… Exijo una cirugía hidrocefálica normotensiva, para que nuestro procurador y algunos congresistas, magistrados, ex presidentes y concejales, tengan un funcionamiento normal del intelecto, no sufran de amnesia, dejen la indiferencia social y estén más cerca de las estéticas sociales.
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