Ud se encuentra aquí INICIO Node 17090
COMPARTIR ARTICULO EN:
M

LA REBELIÓN DE LOS COÑOS

Cartel Urbano
Otro payaso en la lavadora
Por Daniel Bonilla
 
Otro payaso en la lavadora
Por Daniel Bonilla
 
Una de las noticias que más revuelo ha causado en los últimos días fue la sentencia proferida en contra de las chicas de la banda de punk Pussy Riot por su acto de protesta en contra del presidente ruso Vladimir Putin en un recinto sagrado. Muchos han dicho que el castigo es excesivo, voces de apoyo a favor de las punkeras se han levantado alrededor del mundo. Madonna, Paul McCartney, Bono, los Red Hot Chili Peppers, por contar solo los más famosos, se han declarado en contra de una decisión judicial que, según ellos, atenta contra la libertad de expresión y acentúa el carácter de persecución contra todos aquellos que no estén de acuerdo con un régimen.

No es de mi interés defender este “motín de los coños”. Finalmente, ¿qué puede hacer un sujeto anónimo como yo para influir a escala global en un debate como el que se ha suscitado? Tampoco pretendo legitimar una decisión que a todas luces es arbitraria, no solo teniendo en cuenta que constituye un abuso de poder sino porque aquellos obstinados en sancionar un acto como este en cuestión, pareciera que no entienden que apelar a la condena y el castigo en una coyuntura como estas, es darle finalmente más presencia mediática y darle gusto al aparente infractor para que lleve su mensaje a todo el mundo. En tiempos de redes sociales y mensajes que se difunden viralmente, no hay favor más grande que censurar públicamente un acto que se considere malsano o que atente contra los valores de una sociedad. Pasa cuando un libro no gusta en el Vaticano, o una película es considerada inmoral o cuando un performance artístico le canta en la cara a los políticos de turno algunas diatribas.

El caso es que las Pussy Riot ahora son mundialmente famosas, tal vez sin pretenderlo, y se han convertido en adalides de causas que van desde el feminismo hasta la lucha por los derechos de los artistas, y las minorías étnicas y sexuales. Y eso no está mal. Es más, celebro que cada vez sean más frecuentes los casos similares para que los gobiernos y las instituciones religiosas entiendan que estas son épocas en las que los ciudadanos de a pie tienen diferentes visiones de mundo y además, que existe un cansancio globalizado por todo lo que han hecho aquellos que han regentado el poder por años y siglos.

Pero en todo este panorama de pequeñas y grandes revoluciones, del despertar de muchos movimientos contraculturales, algo se me aparece como un interrogante: ¿qué ocurrirá en el caso hipotético de que aquellos insubordinados accedan al poder en algún momento de la historia? Es algo, obviamente, que nadie podría responder más que con especulaciones. Sin tener hechos a la vista, es muy difícil asegurar uno u otro camino. Pero este interrogante me lleva a otro, posiblemente más trivial, aunque no menos inquietante, y es el de qué pasaría si en un concierto de punk llegara un fanático religioso a hacer un acto de adoctrinamiento a los asistentes. ¿Cómo reaccionaría el público y, en general, la comunidad punkera? Tengo una hipótesis: aplicarían a ese pastor evangélico su particular idea de justicia y ley. Es posible que el religioso salga linchado o por lo menos, sea objeto de la burla de sus no tan fervientes oidores.

Lo que quiero sugerir es que trátese del colectivo que se trate, sin excepción, y en algunos casos de manera extrema, todos siempre intentaremos defender nuestros ideales, porque ellos nos edifican, nos definen, y en muchas ocasiones, los ideales de unos riñen con los de otros, y así, siempre habrá posibilidades de desencuentros que redunden en violencia. El punto acá es que en el caso de las Pussy Riot, su contrincante directo es alguien que detenta un poder político magnánimo y tiene la ley jurídica de su lado, por ello puede tomar la decisión que tomó, pero si la situación fuera la inversa, ¿el resultado no sería el mismo? Parafraseando a alguien por ahí, todo poder corrompe y con toda seguridad aquel que lo tiene, siempre se sentirá amenazado por perderlo, así que luchará con uñas y dientes para conservarlo.   

 

 

Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Cartel Media S.A.S.         

Comentar con facebook