DIOS NO EXISTE Y DEEPAK CHOPRA ES UN FARSANTE

Hace un año no tiene trabajo, debe lo que no tiene y ningún hombre parece interesarse en ella.
La gente se inventa alicientes para vivir, para no aceptar que son infelices y que sus vidas carecen de sentido. Es mejor creer que una fuerza todopoderosa nos protege, que enfrentarnos a la idea de que estamos solos en este mundo, que dios no es más que una idea absurda que nos metieron en la cabeza, y que por más que luchemos en la vida nada podemos hacer ante la muerte.
No hace más de una semana un Testigo de Jehova toco a mi puerta. En vez de arrojarle un baldado de agua fría desde la ventana, me dispuse a escuchar su perorata. Es curioso pero los predicadores a pesar de que solo buscan recolectar adeptos e imponer sus creencias, no me causan rechazo o aversión alguna.
Supongo que este hombre veía en mi a una oveja descarriada que debía retornar al rebaño, un aspirante a ser convertido, un futuro soldado de su errante ejercito de salvación. Sin embargo, mientras lo escuchaba con atención me era imposible no reparar en sus ropas, ajadas y envejecidas. Su cara era un mapa en el podía ver generaciones enteras de hombres como él que vivían hacinados junto a sus numerosas familias en cuartos de pensión.
Las creencias por más descabelladas que parezcan son un método de supervivencia y un estimulo ante una realidad que nos rebasa.
Yo que soy un ateo de tercera solo encuentro estimulante vivir para conocer otras ciudades. Muero por viajar a Estambul. Pero, una vez este caminando por sus calles mientras escucho el llamado a la oración proveniente de las mezquitas, muy seguramente me preguntaré: ¿y ahora qué?
Posiblemente me ponga como meta conocer otra ciudad, o para ese entonces haya aparecido un celular cuyas funciones sean capaces de quitarme el sueño.
A veces no dejo de preguntarme si esas razones no son lo suficientemente egoístas. Y si en vez de ahorrar dinero para darme un viaje a final de cada año no debería destinar esa plata a ayudar a los demás.
Pero no soporto a los mendigos y cada día me importa menos la suerte de la gente.
El asunto es que cada vez que conozco a alguien, me es difícil no ceder a la tentación de preguntarme que razón, estímulo, creencia o idea hay detrás, para que esa persona se levante en la mañana y ponga un pie fuera de su cama.
A mi cada vez me resulta más difícil levantarme en las mañanas. Abro los ojos a las 8 de la madrugada y me quedo ahí, envuelto en las sabanas, pensando en todo lo que me espera allá afuera. Entre más pienso menos deseos siento de levantarme.
Gracias a dios, no tengo hijos y nadie depende de mí.