MIS COSAS FAVORITAS

La semana pasada, vía Twitter, alguien, criticando amablemente mi más reciente columna para este medio (la del fútbol), me dijo algo así como: “Usted despotrica de todo. ¿Existe alguna cosa que le guste?”. A lo que yo respondí: “Hay muchas cosas que me gustan. Ése podría ser justamente el tema de mi próxima columna”.
He aquí la lista incompleta (en desorden de importancia, en orden decreciente de caracteres por párrafo)…
Las conversaciones ajenas, escucharlas, con el rabillo del oído, en medio de un restaurante, transporte público o sala de espera. La vida de los otros. Bonito sería, cuando estemos de fantasmas, poder andar entre la multitud, dando saltos en el tiempo-espacio, y ser testigo invisible de los universos personales de miles de millones de vivos, muertos del desespero del existir.
La sobremesa. La única sección del almuerzo/cena que me brinda innegable placer. Las papilas gustativas de algunas personas no pasan de ser auditivas, y no permiten que disfrutemos los sabores de ningún manjar; pero es que ese gusto que da una bebida fría se siente en la tráquea. Garganta-profunda-style.
Get Out,de Faith No More, oída a todo taco, aguantando las ganas de romper todos los electrodomésticos alrededor, mordiendo mi labio inferior, a medida que voy subiendo el volumen paulatinamente hasta el tope. Lo siento, vecinos.
La penumbra, en medio del encierro, un domingo a las 6:30 PM, cuando la luz del sol se aleja, y comienza la noche. Si hay arrunche, que sea silencioso. Si sucede en soledad, que la única compañía sea el tiquitiqui de la lluvia en la ventana.
El sonido del platillo ride durante el solo de Gilmour en Mother de PinkFloyd. Sutil, enfático, cristalino, hielo mansoniano cayendo, de a poquitos, en medio del dulce sarcasmo de la lírica wateriana. Disculpen la cursilería melomaniaca.
El saldo insuficiente impreso en los recibos de los usuarios de banco que se te adelantan en la fila del cajero automático en hora pico. Halan el recibo parido por la máquina… Observan la cifra optimistas-fatalistas. Sonrío.
El efecto Doppler del motor de una moto escandalosa, conducida miserablemente por su chicanero dueño en medio de la noche. Cómo crece, cómo decrece… vitta detestabilis… ¡Quesestrelle, quesestrelle, quesestrelle!
La caída estrepitosa de las modelos que, cual hormigas de Francia, caminan con arrogancia, por la pasarela, su reino rectilíneo. La belleza del accidente es directamente proporcional la belleza de la ufana.
El extravío de los niños (ajenos) en el supermercado. Esos preciosos segundos que transcurren entre el anuncio del nombre del infante perdido y su recuperación.
La imagen de una mujer en bicicleta, su propia bicicleta, recorriendo la ciudad, concentradita, pensando en quién sabe qué, anestesiada por sus audífonos.
Esos segundos previos al resbalón hacia el sueño definitivo, en los que resuena en la mente un mash-up de todo lo oído durante el día demencial.
El salto de los charcos esquineros desde el suelo a la cara de las viejas emperifolladas, gracias al altruismo de los conductores bajo la lluvia.
La ruptura a zapatazos de los tubos de luz fluorescente abandonados en el basurero de un callejón sin salida. Di no al vandalismo infantil.
El descenso bicicleto por el puente de la calle 100 con carrera 7ª, en sentido oriente-occidente, bajo la lluvia de una tarde apocalíptica.
El trancón que frena el acelere ególatra del conductor que adelanta adolescentemente al automóvil en el que nos transportamos.
El jingle de Bretaña, el del cabezote de Noticias RCN. Alborota mi gay interior. Todos, en mayor o menor grado, somos gay. Que sí.
El destape cabal, paso a paso, de un CD (DC) recién comprado.
La disección de los enemigos compartidos entre amigos del alma condenada.
La aplicación de la mano helada en el muslo hirviente de la pareja de turno.
…♫ These are a few of my favorite things ♫
Lo sé. Es una lista de subjetividades… y el subjeto debería estar ausente en una columna de opinión, porque lo importante es el ojeto; pero opino perogrullamente que todos somos iguales (unos más que otros)… y que mis favoritancias podrían hacer resonancia en sus pareceres; que ellas resumen lo que soy, lo que somos.
…Más desde-el-ombligo, imposible.