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A LOS POETAS DEL MERCACHIFLE

Cartel Urbano
Cinestimulante
Por Diego González Cruz

Voy a empezar agradeciendo a todos los publicistas que leyeron mi anterior columna y que indignados al sentirse rebajados a la categoría de pregoneros y vendedores ambulantes de chucherías, lanzaron sus escupitajos y se deshicieron en insultos en el espacio destinado a los comentarios.
Cinestimulante
Por Diego González Cruz


Voy a empezar agradeciendo a todos los publicistas que leyeron mi anterior columna y que indignados al sentirse rebajados a la categoría de pregoneros y vendedores ambulantes de chucherías, lanzaron sus escupitajos y se deshicieron en insultos en el espacio destinado a los comentarios.


No pretendo plantear soluciones ante el problema del consumo. Pero tengo la mala costumbre de hablar de las cosas que me molestan, ¿que le vamos hacer? Y es por esta razón, por nada más, que voy a enumerar cinco razones para odiar la publicidad. Si otros ya lo dijeron antes, lo repetiré para que no se les olvide.


1. Es tan grande y a la vez tan frágil el ego de un creativo, que ellos en su afán de reconocimiento se han inventado un sin numero de festivales para premiar a ese genio disparatado, a esa fabrica incesante de ideas que todo creativo cree llevar por dentro. Yo me pregunto, ¿cuantos de ustedes que no son publicistas han oído hablar de los premios Nova o Clio o Fiap? Es como si una agremiación de panaderos crearan un festival para premiar al que hizo el mejor arroz con leche. En fin, señores creativos, están en todo su derecho de alabar su trabajo porque la verdad es que a la gente le importa poco lo que ustedes hacen. ¿No se han preguntado por qué son solo publicistas y gente de su gremio los que salen a defender su oficio?


2. Cuando marcas como Nike, Benetton, Adidas, conocidas mundialmente por explotar laboralmente a sus trabajadores , salen a abanderar causas sociales y a patrocinar acciones a favor de los más desfavorecidos lo que están haciendo en realidad es limpiar su reputación a la luz publica. En otras palabras, haciendo proselitismo del más ramplón. Así que creativos dejen de deificar su oficio y erigirse como salvadores del mundo porque de vez en cuando las marcas que publicitan le arrojan un mendrugo de pan a los hambrientos, organizan una maratón en pro de los damnificados por el invierno o arrojan un puñado de maíz a las palomas.


3. Antes de embellecer hasta la nausea aquel producto que anuncian,  por qué no se preguntan ¿si todos esos atributos con los que pretenden atraer a los compradores a adquirir sus mercachifles son realmente ciertos? Dejen a un lado esa estrategia maniquea de atraer a los consumidores con cupones de descuento. No se presten más para embustes, y tengan algo de ética.


4. Lo que vende la publicidad no son productos, sino modos de vida. Usted no compra unas tenis Converse o unas botas Dr Martens, lo que usted compra en realidad es un símbolo con el cual cree verse más cool, o rebelde. La publicidad absorbió todas las manifestaciones con las que la juventud intentó revelarse ante el establecimiento y las convirtió en un mercado persa en el que para ser más punk, metalero u outsider; hay que ataviarse hasta las orejas con todo lo que los mercachifles nos ofrecen. Gracias a ustedes lo importante no es ser, sino parecer.


5. Desde tiempos inmemorables la publicidad ha explotado el cuerpo femenino para animar la venta de cervezas, detergentes, productos del hogar, condones y hasta automóviles. Además, la publicidad crea y perpetúa el estereotipo de la mujer sirvienta, la mujer mucama y la mujer esclava del hogar.


Es todo lo que tengo que decir en contra de estos embusteros. Se acabó. En el mundo hay carpinteros, mariachis, freelance del rebusque, costureras, masajistas, corredores de bolsa y hay quienes eligen ser publicistas. No es mi culpa.


  

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