PUBLICISTAS: NI POETAS, NI MERCACHIFLES.
28/Mayo/2012

RESPUESTA A LA COLUMNA PUBLICISTAS: POETAS DEL MERCACHIFLE
Por Paulo González Barrios
No es la primera vez que se habla mal de los creativos o que se les llama malditos como leí recientemente en la columna Cinestimulante, de Diego González Cruz en Cartel Urbano, titulada Publicistas: Poetas del mercachifle. La gente tiene entre ojos a los publicistas, creen que son la razón por la cual se compra desmesuradamente cualquier cosa que se ve en una vitrina, son tildados de asesinos de la naturaleza, anti-ecológicos, irremediablemente superficiales y eternos perseguidores de almas que se resisten a consumir.
He notado que las personas que más hablan mal de los creativos y de la publicidad, normalmente son como aquellas personas que dicen no ser racistas, pero cuando su hija llega a la casa con un afrodescendiente se indignan. Odian la publicidad, odian el consumo, pero lo primero que hacen al recibir la quincena es ir a un centro comercial a ver de qué se antojan.
La gente no es estúpida por naturaleza, como asegura el autor de la columna, ¿a qué ser humano no le gusta lo atractivo, lo novedoso o lo divertido? La publicidad simplemente comunica de una manera relevante los valores que las marcas poseen.
La creatividad sirve para todo, no solo para hacer publicidad. La creatividad sirve para decirle a una chica lo mucho que nos gusta de una manera que ella nunca escuchó antes, o por tomar el ejemplo de Diego González en su columna, estoy seguro de que si el hombre pisa Marte será porque un día alguien pensó: “¿por qué no vamos hasta allá?” Ese alguien también es un creativo, aunque no trabaje en una agencia de publicidad.
El consumo no debe ser categorizado como algo malo. Si comprar es un vicio para alguien, eso es un problema psicológico, no un efecto de la publicidad. Para nadie es un secreto que es mejor salir a pasear en un carro propio, es mejor tener una buena chaqueta para los días fríos, o usar un reproductor mp3 mientras corremos porque nos cansamos menos. Entonces, ¿por qué no comprar lo que nos hace sentir bien?
Por otro lado, los creativos no son personas malas como se les describe, son personas inquietas e inconformes, que no les basta con ganar un salario y devanarse el cerebro durante mucho más de 8 horas y que, al salir de la agencia, prefieren descansar grafiteando muros, escribiendo cuentos, yendo a cine o dibujando. Prefieren esto a irse a la casa y acostarse a ver televisión con una Coca Cola al lado, o esperar el viernes para ir de saco y corbata a un bar de Heavy Metal cerca de la Caracas.
Los publicistas no son poetas, ni quieren serlo. Aunque el publicista es un apasionado de lo que hace, no tiene ningún problema en tirar al tacho de la basura la idea que ha trabajado hace semanas para empezar una de cero, sin tener que derramar lágrimas, tomarse 4 botellas de vino o citar a Baudelaire.
No trato de defender la publicidad, ni de alabarla, pero creo que el oficio del publicista no debe ser tan maltratado por la gente; es grosero todo lo que se dice de los creativos y de la publicidad, más aún cuando todos necesitamos de ella en algún momento como necesitamos de un abogado o de un médico. Como dice David Droga "es muy divertido cómo todo el mundo odia la publicidad hasta que ellos desean vender su casa o encontrar su gato perdido".
Es fácil, Diego, si a usted no le gusta guardar la plata en un banco, no le gusta usar reloj de marca o antojarse de comprarle a su novia un lindo regalo, simplemente apague el televisor, salga, no mire las vallas y haga alguna de las tantas cosas que hacen los creativos al salir de la agencia, de pronto así deja de hablar tan mal del medio en el que un día trabajó.