NUESTRO CINE EN CANNES
14/Mayo/2012

Cinestimulante
Por Diego González Cruz
Cinestimulante
Por Diego González Cruz
Hace unos años pensar que una película colombiana podía llegar a Cannes era un sueño de locos, algo impensable, descabellado, irreal. Un privilegio reservado para países con una industria cinematográfica de verdad. Y no un país como Colombia, en donde nuestra mal llamada industria cinematográfica no es más que un ramillete de películas estrenadas al año, y hechas por los mismos cinco tercos que sin importar perderlo todo, se han atrevido a hacer cine en nuestro país.
Sin embargo, el año pasado el cine nacional rompió con todos los récords cinematográficos con un total de dieciocho largometrajes estrenados que, hasta el día de hoy, hacen la cifra más alta registrada en los anales de la historia de nuestro cine.
Sin duda una cifra para nada despreciable en comparación con años pasados, pero un pajazo mental si ponemos ese número al lado de países como Argentina, que barren el piso con nosotros con más de 100 cintas lanzadas el mismo año.
¿Por qué aún no podemos hablar de una industria del cine en Colombia? Porque la gran mayoría de películas colombianas no alcanzan a recuperar en taquilla la totalidad de su inversión, y esto hace que el cine en nuestro país no sea un negocio del todo rentable.
Aunque es muy temprano para hablar de una industria cinematográfica, sí podemos hablar sin temor de cine colombiano. Un cine propio, con identidad, con propuestas diferentes y, lo más importante, un cine que da cuenta de nuestra realidad.
Y de ello dan fe La Sirga de William Vega y La Playa de Juan Andrés Arango. Las dos películas que sacarán la cara por Colombia en la edición 65 del Festival de cine Cannes, el festival internacional de cine más importante del mundo. El lugar a donde todo proyecto de director sueña con ver algún día proyectada su película mientras se da el champú con la crema y nata del cine.
Antes pocas películas colombianas se daban el lujo de merodear en festivales. Nuestros productores no conocían la manera de exhibir sus cintas en el exterior y, por lo tanto, todas parecían destinadas a quemarse rápidamente en el circuito nacional, durar pocos días en cartelera y morir para siempre en el olvido.
La Playa, seleccionada en la categoría Un certain regard (Una cierta mirada), cuenta la historia de Tomás, un joven afrodescendiente que ha huido de la Costa Pacifica colombiana a causa de la guerra. Para él, llegar a Bogotá -ciudad fría, hostil y caótica- es un punto de quiebre, y deberá enfrentarse a una ciudad que le cerrará sus puertas.
Por su parte La Sirga, seleccionada en La quinzaine des réalisataeurs (La Quincena de Realizadores), narra la historia de Alicia, una joven campesina que tras ser desterrada de su tierra por el conflicto armado intenta rehacer su vida en La Sirga, un hostal decadente a orillas de una gran laguna que pertenece a su tío Óscar, su único familiar con vida, un viejo huraño y solitario. Ahí en una playa fangosa e inestable buscará echar raíces hasta que sus miedos y la amenaza de la guerra reaparezcan de nuevo.
Pareciera que una buena parte de nuestro cine se empeñara en reproducir una realidad que muchos colombianos se niegan a aceptar. Sin embargo, en un país como el nuestro, el arte es el único medio digno para recordar que vivimos en uno de los países más violentos del mundo y que ni Juanes haciendo de vocero por la paz, ni los goles sin gracia de Falcao, van a borrar nuestra sangrienta historia de asesinatos impunes, secuestros en masa y desplazamientos forzosos a causa de la guerra.
Una de las funciones del cine es quitarnos la venda de los ojos. No obstante, hay quienes se pasan la vida sentados frente al televisor, viendo telenovelas tontas y realities en donde convierten el hambre del pobre en producto de entretenimiento.
Me gusta creer que por culpa de esa gente Colombia esta condenado a ser un país bruto, subdesarrollado, violento, desigual, miserable. Ir a cine no es solo un plan para llevar a la novia y meterle mano bajo la blusa apenas apagan las luces.
“El cine no es una cuestión banal o superficial- Afirmó Óscar Ruiz Navia, productor de La Sirga- , sino una herramienta para cambiar la historia de este país”.
De eso se trata.