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EL CAFÉ Y LA MODERNIDAD

Cartel Urbano
Sin mirada miope
Columna de Omar Rivera
 
Sin mirada miope
Columna de Omar Rivera
 
En una reciente noticia -donde el gobierno se preocupa por la deserción de los jornaleros a tan temprana edad- me acuerdo de lo que en la década del treinta ocurrió en un pequeño rincón del Tolima: un levantamiento armado de izquierda. Lo curioso del hecho es que pudo ser la primera insurrección de este tipo en Latinoamérica justamente en un municipio que se llama Líbano. Y la relación está, claro, con el café.
 
El Líbano de aquél entonces era uno de los tres pueblos más importantes a nivel nacional en la exportación del café, dentro del casco urbano existían trilladoras extranjeras que poseían mano de obrera local –"brazos", se decía en aquella época-. Era tan alta la producción y la riqueza feudal, que iniciaron poco a poco pequeñas huelgas de trabajadores por mejores pagos y condiciones deseables.
 
Con la crisis del 29, el Líbano –y no sólo el Líbano, Colombia entera- se vio afectado por el precio del café con la situación de la bolsa en New York y el municipio heredó lo que para Estados Unidos era una gran depresión económica: se bajaron los salarios del jornal y aumentaron –legalmente- las horas de trabajo. Un sector de campesinos y artesanos no aguantó, y se levantó en contra del gobierno.
 
Quizá la comparación sea desproporcionada debido a la gran cantidad de años que han pasado, pero hay un recuerdo que les tengo que contar: cuando era más pequeño, me fui de viaje a un pueblo que se llama Montenegro en el departamento del Quindío, allá, vi cómo los jornaleros, que en su mayoría eran señores, se iban a recoger el café apenas con un radio y un par de pilas. Hace dos años, en una vereda del Tolima, justamente al norte, vi a un grupo de adolescentes en el mismo trabajo, pero desde lejos, alcancé a ver que sólo uno llevaba un Ipod, y el resto reproductores normales. Quizá esas ansias de modernidad, ciudad y tecnología, es lo que haga que los trabajadores del café más jóvenes, desistan de su trabajo y lo dejen por completo.
 
Le sigo echando la culpa a todos de la situación del país –¿o van a decir que estamos como estamos sólo por el gobierno?-, a los medios porque hacen ver que lo único que vale la pena en este país es ser bonito, tener dinero y estar al tanto tecnológicamente hablando. Al Estado, porque ¡pues hombre! ¿en vez de andar preocupados por la deserción de estos jóvenes durante la recolección del café, no deberían de estarlo porque no se encuentran en las universidades? Y a las empresas… es que ellas nunca pierden.
 
Yo sé, el café es uno de los principales productos de exportación a nivel nacional, si no se recolecta, ¿quién lo hace? Entiendo perfectamente, pero entonces que el estado no se lave las manos expresando que destina 20 mil millones al sector del café, cuando entendemos como "sector del café" a las grandes compañías y excluimos a los brazos que lo recogen.
 
Que no se nos haga raro que en cualquier momento, resulte una tecnología en el SENA de "manejo y producción" del café promovida por la caridad del Estado y las empresas privadas.

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