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CONFLICTOS DE MUJERES Y VEJIGAS

Cartel Urbano

Blasfémina
Columna de María Ximena Pineda
 
¿Por qué será que el baño de mujeres de cualquier establecimiento público siempre está ocupado y con una fila como de banco en quincena? Llevo años quejándome de la congestión eterna en las filas de los baños públicos de mujeres en bares, restaurantes y centros comerciales. Otras mujeres se han solidarizado con mi disgusto y malestar mientras contraen sus vejigas para aletargar el vaciado y prometen no demorarse al entrar, conmovidas con las demás víctimas al borde de la incontinencia que maldicen a la feliz "meadora" que se les adelantó.
 
El baño de los hombres presenta otros problemas de orden aséptico y un crónico hedor fumigado con Sanpic floral que lo hace más hediondo. Sin embargo, el problema en el baño de damas se roba el show, siendo aún más insoportable sin ser asqueroso. Cuando un hombre se demora en el baño generalmente está cagando, pero cuando una mujer se demora en el baño el asunto es más complejo.
 
Me considero una usuaria promedio del baño público en cuanto a que mi paso por el WC es "normal" y breve, me demoro entre un minuto y un minuto y medio porque voy al grano; me bajo los pantalones y evacúo. Otras mujeres me han confesado ser también usuarias promedio de baños públicos, incluso con períodos de evacuación menores, entre 30 segundos y un minuto.
 
Tenía varias especulaciones sobre lo que hacían las mujeres en el baño mientras mis riñones se quemaban causándome un dolor tolerable: forrar la taza con papel higiénico, vomitar, hablar con el novio, escribir estúpidos grafitis –generalmente vergonzosas declaraciones de amor o porno clasificados de mal gusto-, etc. Sin ningún patrocinio, y movida solamente por la precipitación de mi micción urinaria, tomé una muestra de 10 mujeres entre los 20 y 35 años, algo ebrias todas, que se encontraban en un conocido bar capitalino haciendo fila para coronar meada al calor de un gin and tonic. Seis dijeron nunca demorarse más de lo necesario, vaya a saber usted qué consideran ellas "necesario". Dos aceptaron entrar, orinar, maquillarse, usar de manera indiscriminada geles antibacteriales, chatear y hacer llamadas telefónicas; una de ellas aseguró hacerlo sin ninguna vergüenza, la otra con algún vestigio de culpa. Otra aseguró que perdía la noción del tiempo mientras se acurrucaba sobre la tasa ya que se distraía en el proceso generalmente por pensar en sus estrategias de cortejo para el resto de la noche. La última afirmó meterse a Facebook, chequear su mail, repasarse las dos capas de base que llevaba en la cara y echarse un polvo –sobre la base, para que no vayan a mal pensar- antes de salir.
 
Estas acaparadoras de baños públicos y sus rituales innecesarios a la hora de hacer pipí parecen desconocer las consecuencias que trae consigo la retención obligada de orina: fiebres, tumores pélvicos o incontinencia. ¿Falta de educación ciudadana? ¿Se debería cobrar la entrada a los baños y pagar de acuerdo al tiempo de estadía como en los moteles que se paga el rato o la noche?
 
Si pienso en el momento de cólera en que tengo tan inflamada la vejiga que se me hace espuma la boca, votaría por medidas restrictivas como cobrar tarifas o supervisar con fotoceldas el tiempo de estancia en los baños, de manera que la que sobrepase el promedio de tiempo de estancia permitido se quede meando a oscuras. También aprobaría el bloqueo de wifi en los baños y áreas circundantes. Todas las anteriores posibles soluciones al problema, para que no digan que solo me quejo y no me atrevo a plantear alternativas viables.
 
Una de las jóvenes que entrevisté me dijo que llevaba más de 8 minutos esperando a que desocuparan el baño y que tenía sed de venganza. Pienso entonces en una venganza apropiada para el caso, y se me vienen a la cabeza los baños públicos del Parque Tayrona en temporada alta, a estas evacuadoras de largo aliento deberían meterlas en esas letrinas para expedicionario por el doble de tiempo del que se demoran en un baño público, pero no en las que tienen un letrero que dice "a 400 solo miada" sino en las otras, las que valen 500, que les cobren el triple de la tarifa a ver si tienen las agallas de chatear por Blackberry bajo esa atmósfera fecal sudorizada con un leve bouquet a Axión floral y el complejo universo bacteriano propio del baño mixto. Hay venganzas, aunque agrias, dulces.
 

 

 

Mujeres, por favor, la próxima vez que vayan al chichiroom, orinen y lárguense, es su oportunidad de salvar una vejiga ad portas de la incontinencia.

 

 

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