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RCN INSULTA A CHESPIRITO

Cartel Urbano
Peor es posible
Columna de Darío Rodríguez
 
Peor es posible
Columna de Darío Rodríguez
 
Será muy difícil para esos sujetos a quienes llaman "creativos" concebir un espectáculo que supere en degradación y torpeza a ese concurso dominical donde unas personas pretendían imitaciones de los personajes creados por Roberto Gómez Bolaños. Especialistas en estéticas dignas de baño público, los organizadores del mísero torneo televisivo exhibieron sin pudor (y sin darse cuenta) el desfile completo de la ruindad que distingue a nuestro país. Pésimos desempeños escénicos de los participantes, por lo general personas del común en busca de fama inmediata; lamentables las comprensiones del modelo mexicano y de sus elementos; absolutamente despreciables las relaciones entre jurados, concursantes y públicos, basadas en el servilismo, la fantochería, el ridículo.
 
Si alguien quisiera indagar acerca del estado en que se encuentra nuestra cultura sólo tendría que haber visto ese espacio en la televisión. Inversiones millonarias con el fin de envilecer y atontar aún más a la población mediante un pretexto desacertado: la pervertida aproximación al mundo cómico de Chespirito, inmortal y eminente como ninguno.
 
Sin copia no hay arte. La originalidad no existe. Premisas sabidas por lo menos desde Aristóteles. Existe un patrón al cual la obra de arte debe sus bases y su peso. Aunque el artífice no sea consciente de este poder anterior a él, y delante de influjos, sugerencias, alusiones se imagine impermeable. Reproducir y falsificar son condiciones para el trabajo artístico. Pero una cosa es basarse en prototipos a la hora de una propuesta artística y otra muy diferente es plantear el remedo burdo de un proyecto humorístico, obra de un genio sutil, que no necesita ni permite imitaciones.
 
RCN Celebra Chespirito inspiraba depresión; menos que una pálida copia era, al fin de cuentas, una demostración de nuestro profundo complejo de inferioridad, que trepa hasta las alturas del maestro, construye una vecindad como la suya y se pone sus ropas, sólo porque aquí en apariencia no tenemos qué mostrar y nos da vergüenza reconocer la poca o mucha riqueza propia.
 

Los señores del Canal RCN se engañaron al creer que le rendían un homenaje a Gómez Bolaños. Terminaron insultándolo y, de paso, agrediendo a los admiradores de El Chavo y El Chapulín Colorado. Sin embargo la inmensa obra de Chespirito y sus conceptos son indestructibles. Están hechos a prueba de imitadores insolentes, de malos traductores y de explotadores del gusto popular. Cuatro décadas al aire, la hondura de unos personajes, de unas situaciones en las que podemos vernos, conocernos mejor mientras reímos, la sorprendente frescura y sencillez de actores y libretos, comprueban su perenne vigencia.
 
El descalabro de ese concurso y de sus desconcertantes bobadas reside en el intento fracasado de remedar la autenticidad. Era desastroso ver a Edgar Vivar en su esfuerzo por hallarle virtudes a histriones de poca monta que trataban de igualar lo que sólo él pudo hacer con maestría.
 
A la decadente televisión colombiana le resultará complicado caer más bajo. De cualquier manera habrá público embrujado y múltiple para sus gazmoñerías y desplantes. Cada individuo se hunde los puñales como quiere.
 
Pero más allá de nuestra cultura desoladora sólo sale bien librado el patrimonio de Gómez Bolaños, autor del Número Uno de la televisión humorística, intacto en su grandeza.
 

 

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