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QUEDA SOBRANDO UN PLATO

Cartel Urbano

Ecuación de Valenzzetti
Columna de Camilo Martínez
 

Cuba no nos visitará en abril para La Cumbre De Las Américas. No tendrán que pelear una habitación de hotel en Cartagena con algún miembro del servicio secreto de los Estados Unidos. Qué triste para nuestro presidente Santos. Qué triste. No tendrá una foto de la familia completa. Desde el inicio de su mandato Juan Manuel ha puesto las relaciones diplomáticas como punta de lanza de su gobierno, algo clave para que asuntos como el "empuje" económico y la búsqueda de la paz se visibilicen en el resto del planeta.

Suena bien. Tiene sentido. El problema es que, desde el principio y para aumentar la inversión económica del exterior, el actual mandatario ha impulsado medidas para crear una linda máscara. Hacer una foto de almuerzo familiar. Esas donde todo mundo está feliz, donde ningún primo nos debe dinero, donde todas las tías son hermosas, en que ningún hermano se pelea la herencia ni quiere vender la casa familiar y repartir la plata. Una hermosa foto para que nuestros vecinos digan: "ay, pero sí serán lindos la parvada de Rodríguez" (Lo dice la notaria, Rodríguez es el apellido más común en la tierra de los extintos Chibchas).

 
Llegar a un feliz acuerdo con Cuba y EE.UU era parte de esa foto. Pero solo dejamos feliz al gobierno Obama, nos quedó sobrando un plato de comida. Los cubanos no ocuparán puesto y no saldrán en la foto. Para muchos el tema es una pendejada con todas las letras, pensando que los cubanos solo vienen a Colombia para fundar escuelas de cine y fotografía. El problema reside en la tía ALBA (Alianza Bolivariana de los Pueblos de las Américas). ALBA deseaba ver a Cuba. Todo con la intención de que la antítesis del consumismo ganara importancia, más allá de ser la clínica de Hugo Chávez y donde se proliferan los chismes del cáncer que sufre el mandatario venezolano, como si habláramos de la nueva novia del comandante.
 
Pero Santos podrá organizar más almuerzos y sacar más fotos. Desde tiempo atrás, cuando estaba dispuesto a servir de mediador entre Israel y Palestina, el presidente está trabajando para agregar a su hoja de vida el magno título "Pacificador planetario". Por ello, los partidos tradicionales de nuestro país ya señalan al actual mandatario como un probable réferi entre Washington y La Habana. Si esto se concreta no dudemos en nominar a Juan Manuel para un premio Nobel de la Paz que, como ya lo demostró Obama, no requiere tener resultados reales para hacerse merecedor de la conmemoración. Nos queda esperar si Santos puede tomar el rol de Gabriel García Márquez, interlocutor entre Fidel Castro y el presidente estadounidense de la época, Bill Clinton.
 

Cuba tiene dos premios de consolación. Primero: será visitado por Benedicto XVI, un papa de carne y hueso, cosa que nos podrá restregar en la cara, aun cuando nos defendamos con una ampolleta. Segundo: los medios colombianos no se deciden qué apellido darle al canciller Bruno, así que podrán ponerle Díaz, si así lo desean, y ya no se podrán quejar por la ausencia de superhéroes en la isla. Nosotros, en cambio, nos quedaremos con el único intento de súper héroe que tenemos: nuestro presidente, cuyo mayor deseo es ir por todo el mundo para arreglar los problemas de otros.

 

 

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