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CRÍMENES BAJO VIGILANCIA

Cartel Urbano
La sombra del asesino
Columna de Miguel Mendoza
 
La sombra del asesino
Columna de Miguel Mendoza
 
"Leyes más severas, penas de muerte o por lo menos perpetuas, cámaras, más cámaras de vigilancia, por favor…" Es el clamor del público, a veces también el mío, ante la ola de crímenes. La única medida contra la barbarie que nos amenaza en la ciudad, parece ser la instalación de dispositivos de control, de collares de posicionamiento… No estoy en contra de ajustar las penas impuestas a criminales peligrosos, ni critico la tecnología aplicada en favor de las pruebas para la justicia, pero ya la historia (mucho antes la literatura) nos ha demostrado los peligros de garantizar nuestro buen comportamiento por el simple hecho de estar bajo el lente siempre vigilante del Gran Hermano.
 
Siempre hemos juzgado a los entes totalitarios de vigilancia, pero ya es hora de "observar" al buen individuo que camina enfrente del panóptico social. La educación como represión, de seguro es un concepto equivocado, pero más aún la respuesta astuta del vigilado: "si no me ven, entonces…" Ya sea por el camino de la represión, como se reconoce en la novela de Orwell, 1984, o por medio del placer, el sensorial y químico mecanismo de Un mundo feliz, las sociedades de vigilancia, generan individuos hipócritas (sí, aquellos que compran en la calle el panfleto que alerta sobre los semáforos donde se han instalado las cámaras).
 
En 1972, Arthur Shawcross (Estados Unidos, 1945-) asesinó y violó a dos niños. Por estos homicidios estuvo en prisión quince años. Durante su tiempo de reclusión fue un preso modelo. No hubo la menor queja de su comportamiento. Mientras estuvo bajo supervisión parecía un buen tipo. Una vez libre, en 1988, volvió a matar. Once mujeres violadas, asesinadas y canibalizadas, son el atroz resumen de la segunda parte de su vida, aquella cuando, en privado, actuaba de manera natural, lejos del ojo vigilante.
 
Las sociedades que afirman su seguridad y estabilidad -incluso sus valores morales esenciales- a partir del funcionamiento de mecanismos de vigilancia, presentan alentadores informes sobre la reducción de acciones antisociales y delitos. Pero a la vez, son las mismas sociedades que arrojan datos alarmantes sobre crímenes violentos cometidos a puerta cerrada, cuando nadie controla a sus buenos ciudadanos.
 
En el edificio en que vivo se instalaron cámaras secretas para detectar a los típicos vándalos. Recientemente se registró la imagen de un hombre que arrojó una caja de botellas por el shut de basura. Vino el llamado de atención, la multa correspondiente. Una vez se divulgó la información de lo ocurrido a todos los residentes y se reveló la presencia de las cámaras, no se volvió a presentar ningún incidente similar. Inocentemente, se puede pensar que el mecanismo de control tuvo efectividad y que la persona descubierta por la cámara aprendió la obvia lección para siempre. Tú y yo sabemos que las cosas no funcionan así.
 
Cámaras en los estadios, en las calles, en las aulas de los colegios, por supuesto que arrojan pruebas concluyentes contra los antisociales y sus terribles faltas, pero dudo de su efectividad pedagógica, sino pregúntenles a los agentes de tránsito a ver si se han reducido los accidentes desde que se crearon los cursos relámpago de cómo ser un buen conductor. La educación basada en la vigilancia y el castigo, y no en la verdadera comprensión del sentido común de lo correcto, me hace temer de lo que serán capaces aquellos infractores una vez se encuentren "fuera de foco".
 
Por supuesto, lector, que habrás pensado que el tipo que arroja botellas imprudentemente, el que se cruza el semáforo a las dos de la mañana, el que arroja papelitos por la ventana de su carro, el que construye un edificio con materiales de baja calidad, el que desfalca millones destinados a obras benéficas, e incluso el conductor que no usa el manos libres del celular, son casos muy diferentes a los de un asesino y violador en serie. Pero te garantizo que todos ellos, una vez se vaya la luz y falle la cámara, el sistema, se encontraran en el mismo corredor a oscuras, complacidos de no ser observados y libres para actuar.

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