¿CONCIERTOS EN EL CAMPÍN?
22/Feb/2012

Música para camaleones
Columna de Juan Sebastián Serrano
Hay algo de mezquindad en el comentarista deportivo que se declara al aire un "beatlomano" pero no cede -en su capricho de ver la gramilla bien peinada en un enrevesado Millonarios VS Huila-, a escuchar un "Buenas noches, Bogotá" en la voz de Paul McCartney mientras suenan los primeros acordes de All my loving. Hay algo de cinismo también, en el empresario de conciertos que quiere hacer pasar su promesa de que nada le pasará a la gramilla de El Campín como el análisis de un experto imparcial y no como el intento de alguien quien defiende al precio que sea su propia papa.
El debate de si se debe prestar el estadio El Campín para megaconciertos –que quede claro de una vez: no se trata de prestárselo a Los Corraleros del Majagual- suele ser planteado entre el fundamentalismo del fútbol y el negacionismo de los empresarios. De tanto en tanto, se alborota el avispero cuando anuncian campanas una nueva gira de un grande por Latinoamérica. Sin embargo, al cabo de un tiempo, pierde la ciudad, cada quien sigue desde su terca posición y nada se puede cambiar.
Propongo que en gracia de discusión -como dicen los abogados por muletilla-, concedamos que la gramilla de un estadio queda reventada después de un concierto de Madonna; El Campín, un barrizal. Pues es cierto -y por algo será- que estadios como el Bernabeu o el Camp Nou en España no los prestan para conciertos sino al finalizar la temporada de fútbol. En todo caso, después de un concierto de estos en Bogotá, se habrá saciado la sed de un público cansado hasta la médula de que U2, Madonna y McCartney –cual mujer bonita- nos pasen de cerca sin mirarnos. A pesar de las diatribas y reclamos de Iván Mejía el lunes desde su micrófono contra el empresario del concierto de Paul McCartney -evento al que él sin embargo asistirá como buen ‘beatlomano’ que dice ser- por el pésimo estado de la gramilla y el drenaje; lo que se habrá perdido en buen fútbol el domingo siguiente –si es que todavía algo queda de eso en esta ciudad- se habrá ganado en cultura y desarrollo.
Por supuesto que los bogotanos soñamos con un escenario de conciertos decente que evite de una vez por todas tener que lidiar con la gente que maneja el fútbol en este país. Mi pronóstico es que llegará el día en que la sola propuesta de construir el escenario multipropósitos dará para elegir a un Alcalde -y esa será la medida de nuestra pequeñez-. Bien dijo alguna vez el escritor e historiador Juan Esteban Constaín: "Llegará el día en que la ciencia económica tenga un indicador para el desarrollo que diga si un país tuvo en su suelo a los Rolling Stones o no". "Será la frontera", seguía diciendo, "entre el progreso y la barbarie". Eso es lo que está en juego acá. Y un concierto de Paul McCartney es el primer paso para dejar de ser algún día la Funza de Latinoamérica.