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¡BENDITO TURISMO, BENDITA INVERSIÓN!

Cartel Urbano
 
Panoramos sin maletas
Columna de Juanita Reyes
 
 
Panoramos sin maletas
Columna de Juanita Reyes
 
Bendito turismo, bendita inversión extranjera. De acuerdo a un comunicado de la presidencia de la República, la Inversión Extranjera Directa ha aumentado en los primeros ocho meses del año por encima del 50 por ciento sobre el mismo periodo del año anterior.
 
No quiero ser tan radical con ese tema en mi apreciación, pues definitivamente el ingreso de nuevos capitales al país mejora la economía, genera trabajo y pronto para la mirada incrédula del mundo -y sobretodo para nuestra propia mirada-, estaremos encabezando las listas como uno de los nuevos destinos turísticos del planeta.
 
Lo que pasa es que soy escéptica al manejo que se le da en nuestro país a dichas inversiones y nosotros como "colombianos empoderados" que deberíamos ser sobre nuestro país y sus recursos, simplemente quedamos deslumbrados por las cifras, sin darnos cuenta del manejo que se le da al dinero, lo que entregamos a cambio, los roles que vienen a jugar los nuevos inversionistas, la pérdida de autonomía a la que nos exponen, y la renuncia a las cosas más valiosas que tenemos por parte de nuestros gobernantes a cambio de dinero.
 
Igual sucede con el "bendito turismo", el cual enriquece y pone bajo la mirada del mundo un lugar específico. También he visto su otra cara en países como Thailandia e Indonesia en donde los gobiernos son similares o más corruptos que el nuestro. Allá el turismo masivo ha llegado y ha borrado cualquier rastro de cultura local, ha hecho desaparecer muchas industrias porque no hay dinero más fácil que el del turismo, ha aumentado los vicios y la inseguridad, y ha generado impacto ambiental negativo debido al mal manejo y administración que se le ha dado.
 
Colombia debido a su conflicto fue inasequible para muchas personas por muchos años y de cierta forma esto hizo que se cuidaran algunas de sus identidades, industrias y recursos. En la actualidad eso está cambiando con todo lo positivo y negativo que esto genera.
 
¿Qué podemos decir de desfalcos como el de la Sierra Nevada de Santa Marta o las Islas del Rosario? Por unos cuantos euros fuimos capaces de entregar los más importantes santuarios ecológicos, culturales y espirituales de nuestro país al mejor postor. Dinero irrelevante con respecto al precio que tendremos que pagar en el futuro por su venta.
O la inversión millonaria en minas, que claro que deja dinero en Colombia, pero que representa un porcentaje ínfimo con respecto a los millones que se llevan y no tiene en cuenta las pérdidas incalculables en terreno, agua, aire que esto representa para nuestro capital ambiental.
 
Ni hablar de la inversión en otros sectores, que acaba con iniciativas locales y las remplazan por productos hechos en maquiladoras chinas brandeados por una marca que no garantiza una vida útil superior a un año.
 
Finalmente, la inversión en construcción, que llega al país de manera desbordada. Todos esos constructores y arquitectos europeos quebrados que están edificando en lugares que no deberían edificar, con proyectos tan fuera de contexto como los edificios aspiracionales de 60 pisos, que aplastan legados culturales e históricos de zonas en donde no sé cómo pueda sostenerse algo de tan alta envergadura debido a la inestabilidad y la humedad de nuestro terreno.
 
No quiero ser pesimista, seguro vienen épocas de bonanza para nuestro país, habrá plata, inversión y turistas. Pero el precio de lo que implica su mala administración, acompañada de un inexistente proteccionismo, sobretodo en materia de recursos ambientales, nos cobrará a largo plazo un precio muy alto que no está publicado en los informes de crecimiento económico que nos enseñan todos los días.

 

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