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VOLVER A LA PRIMERA VEZ

Cartel Urbano

Otro payaso en la lavadora
Columna de Daniel Bonilla
 
 
Con el anuncio reciente del estreno mundial de la versión 3D de la saga de Star Wars, algo se agitó en mi interior. No pocas pesadillas han tenido lugar y ello es producto de la inestabilidad que esa noticia ha generado en mi ya maltrecha psiquis. Soñé, por ejemplo, que Titanic se estrenaba pronto en el "novísimo" formato para conmemorar los quince años del capítulo de telenovela más largo de la historia y los cien del hundimiento del mítico trasatlántico (lo del Concordia fue publicidad para las efemérides que tendrán lugar este 2012, año en que además debería acabarse el mundo). Eso me produjo auténtico pavor, la ficción poco a poco ocupando el mundo real.
 
La historia comienza en 1983. La primera película que vi en una sala de cine fue Star Wars. Episodio VI: El retorno del Jedi, y lo importante no fue enterarme de una fabulosa historia de dimes y diretes en una galaxia muy lejana. No, lo definitivo fue que esa experiencia de ser capturado y sustraído del mundo por una sala oscura con una ventana al infinito y más allá, dejaría una huella imborrable en mi memoria, que se articularía cada vez que ese evento ocurriera de nuevo.
 
No tenemos más remedio que repetir por siempre las experiencias primeras y tratar de volver a ellas con la memoria y los actos, a pesar de que aquellos eventos, personas y lugares, se hallen perdidos para siempre. Seguramente pronto veré La Amenaza Fantasma en 3D, sucumbir a ello tampoco será perder el tiempo, más allá de que no resulte grata la idea de ver de nuevo a Jar Jar Binks, ahora más cercano y real. La devoción por Star Wars supera la incomodidad por la que es tal vez la película más floja de toda la saga.
 
Pero algo sí debe quedar claro, y es que el 3D no es la panacea de una industria que flaquea porque la gente se está alejando de los teatros. No es el despliegue técnico exagerado lo que llevará las nuevas generaciones a las salas, sino la posibilidad de alimentar en ellos la necesidad de la ficción desde edad temprana. Aquí coincido con Chistopher Nolan, quien, sin sonrojarse, no se dejó seducir por los burócratas de Hollywood para que su próxima película Batman: The Dark Knight Rises, fuera en 3D. En buena hora ha confiado más en las cámaras IMAX y no se ha dejado calentar el oído por el espejismo de la novedad.
 
Muchos tienden a creer que el 3D es una invención reciente pero en los mismos años ochenta mencionados antes ya había películas en ese formato y era una maravilla ver en las salas a la gente esquivando espadas, proyectiles, puños y trenes que se venían encima. ¡Trenes! Eso me hace recordar la primera película en 3D de la historia. Cuenta la leyenda que cuando por el mundo circulaba el invento de los Lumière, existió una filmación que registraba la llegada de un tren a una estación. Dicen que los espectadores que vieron aquello por primera vez, salieron corriendo y gritando para evitar ser arrollados por ese armatroste. Desde ese momento el cine entendió que la gracia del invento no era documentar la realidad sino mover las emociones en un espectador posible. Y como nuestra incredulidad ha crecido junto con la arrogante capacidad para descubrir cualquier tipo de engaño en un efecto especial, tenemos que no hay más remedio que redescubrir y perfeccionar los mecanismos técnicos para mover esas emociones básicas del ser humano. Ejemplo preciso el estreno de El Rey León en 3D, para recordarle a toda una generación (y para meter la mano en sus bolsillos), que también fueron niños y lloraron a rabiar la muerte de Mufasa, y que así no lo quieran, están condenados a volver a la primera vez, como lo hice yo hoy, recordando mi primera entrada a una sala de cine, mi propia necesidad de ficciones y mi gusto por las salas oscuras. Por Dios, lugares oscuros, primera vez: aparece de nuevo mi madre. Cállate ya, imagino que dice mi analista.

 

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