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EL ENANO Y EL TRAIDOR

Cartel Urbano

Cambié de opinión
Columna de Rafael López
 
Hace años, en un barrio caleño, vi una casa que ostentaba orgullosa a su entrada un par de columnas con cuerpo de mujer semidesnuda. Lo que resultaba absolutamente sorprendente es que en la casa en cuestión funcionaba un jardín infantil de nombre "Harvard". Esto me pareció pretencioso, ya que no se llamaba "Harvardcito" ni "Pasitos a Harvard". Con plena justicia, todo aquel que cursara sus primeros años escolares en el jardín aquel podría decir "Yo estudié en Harvard".
 
Es este y no otro el lugar en el que yo creo que nuestro querido expresidente Uribe llevó a cabo los estudios que figuran en su hoja de vida, porque la verdad dudo que con su uso del inglés haya podido aspirar a una institución más seria.
 
Soy de los que opina que el gobierno de Uribe ha sido de los peores que hemos tenido que soportar en este paisito tropical. Pero no por el terrorismo del DAS, ni los escándalos de corrupción en AIS o la DIAN, ni mucho menos por los falsos positivos, que en rigor deberían llamarse ejecuciones extrajudiciales. El daño irreparable de estos ocho años es a la imagen internacional de nuestro país, ya que Uribe nos dejó ante el mundo como un grupo de provincianos y pueblerinos con poco o ningún conocimiento de la etiqueta y protocolo de la modernidad.
 
Su inglés con acento paisa ya causaba risa en Harvard –el jardín– pero sus interacciones en español tampoco nos dejaron bien parados. Con vergüenza recuerdo ese 11 de julio de 2005 cuando Uribe, ataviado con esmoquin, posó al lado de la realeza española. En un principio creí que sin saber al tipo de ceremonia a la que se dirigía, Uribe habría empacado con cuidado su poncho y su carriel, por lo que enfrentado a la necesidad nuestro querido ex presidente había conseguido un esmoquin prestado. Cómo es posible que siendo ya de por sí enano, Uribe hubiera conseguido un esmoquin que le quedaba chiquito. Pensé que posiblemente se trataba del vestido de gala que había utilizado el Príncipe en su primera comunión.
 
Lo cierto es que el esmoquin aquel no le quedaba chiquito, las mangas lo delatan, sino que se trataba del primer y único esmoquin ombliguero. Inspirado en las chaquetillas de los toreros, Uribe salió con la camisa bien por fuera, para que no se notara la diferencia cuando estuviera borracho. Tan ridículo se veía el expresi como se habría visto el Rey posando con botas pantaneras y sosteniendo un azadón, indumentaria que seguro le resulta mucho más natural que un esmoquin a nuestro buen enano.
 
Sentí vergüenza también por las veces que Uribe se lanzaba a cuanto riachuelo o charco semi profundo que encontraba, tentado habrá estado de gobernar desde el Cici Aquapark en lugar de la Casa de Nariño. O cuando orgulloso mostraba el autógrafo que le sacó al presidente Obama en su primer encuentro. En todas estas ocasiones sentí que el estilo campechano del expresi no estaba a la altura de la etiqueta presidencial, pero nunca sentí tanta pena como cuando lo vi bailar.
 
Ese fue un momento vergonzoso para todos, para Uribe, para el Partido Verde –que en este caso "Partido" debe entenderse como "Roto"– fue vergonzoso para el baile mismo. Qué tristeza ver los vanos intentos de Uribe por moverse con algo de ritmo y gracia, superado por mucho por Lucho Garzón, que con aire borrachín hacía mover sus notables curvas con la gracia de la samba barrigona. Es tal la falta de ritmo del expresi que no entiendo cómo logró llegar al final de un polvo para poder reproducirse, no una, sino dos veces. Seguro Lina estaba arriba en esos momentos.
 
Pero ante esa imagen, lo que sentí ya no fue tanto vergüenza como una honda pena, tristeza, compasión. La misma que siento cada vez que veo el avatar en twitter, esa foto mentirosa en la que se ve con el pelo negro y la mirada decidida. Que va, si así no se ve ahora. Se ve mucho más cansado, preocupado, acorralado. En los últimos días tiene el pelo blanco y la mirada inquieta.
 
Santos en cambio es otra historia. Sí, un poco gago, un poco exagerado con el delineador, pero elegante. Conocedor de las maneras internacionales de comportamiento. No son sus maneras lo que de Santos me preocupa. Confieso que cuando JuanMa ganó temí que continuara por el camino tenebroso de su antecesor, y por eso me sorprendió gratamente notar un claro cambio en las políticas de gobierno.
 
Santos, no nos hagamos los pendejos, traicionó al movimiento que lo eligió, al tiempo que lograba darle gusto a todos, excepto a Uribe, claro está. Pero lo que no deja de inquietarme es que es como cuando uno le quita la novia a otro man. Sí, uno puede estar muy feliz con haberse quedado con la chica, pero tarde que temprano tendrá que enfrentarse a la pregunta: bueno, y si esta vieja se la jugó al otro ¿cuándo me la irá a hacer a mí? Mientras eso sucede, sigo feliz con Santos, el traidor que todos queremos.

 

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