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YO ESA TETA NO LA MAMO

Cartel Urbano
Con tos pero sin voto
Columna de Rubén Darío Higuera
 
Con tos pero sin voto
Columna de Rubén Darío Higuera
 

Las hay de todos los tamaños. Algunas trabajadas en la rutina diaria, las dietas y los masajes; otras, hechas en la misma fábrica de las muñecas que se inflan para satisfacción de algunos. Las hay abultadas e insinuantes, pequeñas, discretas y provocativas. Algunas fabricadas para seducir al transeúnte que pasa y mira con morbo; otras, para repeler a ese mismo hombre. Las hay mutiladas e incompletas. Existen prótesis y todo tipo de maquillaje para hacer posible que las que no son o no parecen ser, sean. Pero existe una, pomposa y artificial, que es la teta de nuestra cultura. 

Por estos días se celebran festivales que ponen en alto el nombre de las artes. La música y la literatura van de boca en boca como la mujer que es besada o escoge besar a su antojo a quienes se cruzan por su camino. Los noticieros y espacios televisivos dan porciones informativas de lo que significa honrar las artes por medio de la participación masiva en estos espectáculos. Los libros y sus autores son exaltados por su trabajo y nombrados con ligereza por quienes informan y que, al parecer, poco o nada conocen del oficio de escribir, por lo que tratan al escritor –algunos sintiéndose muy a gusto- como si fueran estrellas de la farándula musical de EMI o de la alfombra roja de Tv y Novelas.
 
La invitación es torpe, quizá tanto como los mismos festivales. ¡Qué ha pasado con nuestra cultura! Los libros, los conciertos, las conferencias y los recitales que debieran ser un combate contra el analfabetismo se han sumado al lenguaje mercantil para pasar a ser un privilegio de pocos. La capital ve partir muchedumbres enarboladas hacia la ciudad amurallada, unas con el afán de la playa, y otras con el propósito del descanso. Todas con el gustoso anhelo de vacacionar y exhibir su mejores gafas de sol. Al mismo hotel al que llegarán los pudientes consumidores de nuestra cultura, llegarán de igual forma los periodistas y conferencistas; esperamos también que los escritores. Una vez instalados allí empezará el desfile, se pedirán fotos y se firmarán libros. Se darán charlas exclusivas para personas exclusivas y se prohibirá la entrada al pobre o al desgastado. Al final, se degustarán excelentísimos vinos y se comerán mariscos.
 
La pedantería parece ser un rasgo oficial de nuestro mundo cultural, del mundillo de intelectuales y letrados. Hablan mal unos de otros y se dan aires de seres perfectos e intocables mientras determinan qué publicar y qué no, además de decirnos cómo hacerlo. Si no se obedece a los cánones impuestos por su imperiosa voz, habrá problemas, ataques y censuras. Lo importante, al parecer, es exhibirse, ser el dueño de un medio que ponga en el mismo nivel lo cultural con lo farandulero y así todo está bien, así se adquiere credibilidad, respeto.
 
Para celebrar la música universal o nuestra rica música colombiana, lo mejor será esperar, guardar distancia. Para celebrar la literatura habrá que pasar la página. No es con festivales creados para incentivar el turismo y engrosar las páginas sociales de nuestros diarios y revistas que le damos el lugar merecido a las artes. No es con cocteles y estandartes propios de nuestros negociadores culturales.
 
Cada lector, según su criterio y su rigor, sabrá tener su propia fiesta: libro en mano y lectura insistente, en la soledad de su cuarto o en la quietud de una mesa, algunos fumarán y toserán por causa de algún pasaje que se les clavó como una espina en la cabeza, pero con seguridad en ese acto de soledad literaria -para algunos impune- en el que no existen camarógrafos ni prensa ni comerciales de televisión, será festejado de manera idónea el oficio de escribir. Ni hablar de los músicos, que saben que son innumerables horas de soledad intentando comprender algún pasaje, algún compás, sin más testigos que él y su instrumento.
 
Las hay de todas la formas, ya lo he dicho. Algunas, en su mayoría, resultan tentadoras, pero la teta de nuestra cultura, artificial y pomposa, me da asco. Yo esa teta no la mamo.

 

 

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